viernes, 21 de diciembre de 2012

Refugio navideño.

Navidad es esa época de reencuentros. Ese momento en el que la gente se mueve por la inercia y decide quererse un poco. La excusa perfecta para ella.

Nunca soportó no sentirse querida. No sentirse necesitada. Jamás soportó que las personas a las que realmente quería pudieran vivir sin ella. Así que un día se fue. Y renunció a volver... excepto en Navidad.
Ese era su plan secreto. Faltar todo un año, para que a la gente de donde volvía les diera tiempo a echarla de menos. A darse cuenta de que no estaba. Para ser feliz y sonreír con la imagen de alguien esperándola en un aeropuerto al otro lado del océano. Y, en realidad, era la única manera que tenía de seguir adelante.

 Así que llegaba todos los años, con una maleta con apenas ropa y un montón de regalos. Se encontraba con la gente, recordaba cosas, momentos... y después se marchaba. Antes de que acabaran las vacaciones. Sintiéndose algo más querida.




Y preguntándose si también habría reencuentro al regreso a su lugar de huida o si tendría que quedarse más tiempo en el refugio navideño.

lunes, 3 de diciembre de 2012

En noches como ésta.

''En noches como ésta la tuve entre mis brazos...''

En noches como ésta me acuerdo de esa noche. Aquella noche extraña con su extraño idilio.
En noches como ésta -que podría ser cualquier otra- en la que me apetece romper cosas, o tirar mi vida por la ventana, me acuerdo de esa noche y me calmo un poco.

En noches como ésta, me salva un poco esa noche efímera, de un lejano y fugaz día de algún septiembre que no sé si recuerdo haber vivido. Estabas más preciosa que nunca, y eso que sólo recuerdo la luz de tus ojos y el tacto de tus brazos. La considero una noche especial -al margen de todas las que paso contigo- porque es el mejor recuerdo de abrazo que tengo. Me abrazaste sin coraza, ni física- sin esa que te pones para enderezarte la espalda- ni metafórica -esa que te pones para evitar rozaduras en el alma-. Y recuerdo la adecuación y el contexto de tu barbilla en mi frente. Y no sé si alguna vez ha habido puzzle que encajara mejor en toda la historia.

Noches como esa me salvan del frío y del invierno perpetuo en la recámara. Una noche como esa en la que fuiste tú, fui yo y también, si cabe, ese nos. (con abreviatura por si el morfema derivativo de género te parece muy feo, y prefieres creer que es todo distinto...)


En esta noche extraña, sin su tan extraño idilio, pienso un poco más y siento un poco menos -¿o era al revés?-. En noches como ésta me doy cuenta de que es imposible que no terminen hablando de ti todas las canciones, todos los poetas -entre ellos Neruda-, y todos los filósofos. Si te hubieran tenido delante, no hubieran tenido que preguntarse por no sé qué arjé de una fisis subversiva.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Dark paradise.

Suenan en mi cabeza ocho mil estrofas de canciones, y algún que otro verso de Bécquer. Suele pasarme cuando estoy triste, y sé que eso no es raro. He de confesar que muchas veces estoy triste porque tengo sueño, porque la vida se presenta complicada y no puedo dormir sin soñar con nada. Otras veces estoy triste porque he de estarlo. Como hoy. Y noto cómo se me hinchan las costillas y se queda vacío el corazón. De repente grande, como un zapato que no calza bien.

Hoy estoy triste, y fíjate si lo estaré que hasta mi madre se ha dado cuenta de que he estado llorando. Le he dicho que es sueño y frío. Parece que ha colado. Pero el asunto es serio, muy serio si nos ponemos trágicos con motivo de aligerar carga dramática. Estoy triste porque mis propios fracasos vuelven a tirarme piedras desde un espacio-tiempo lejano y relativo. Vuelven a decirme las mismas palabras, esas que ya suenan tan típicas, esos 'ojalás' plagados de nexos adversativos y átomos de invierno.

Estoy triste porque te quiero. Y porque sé que me quieres y que también quieres quererme. Y estoy triste porque a lo mejor te has creído eso de que existen amores imposibles, cosas que no funcionan, corazones rotos que no tienen solución. Y necesito decirte que es todo mentira. Que si me quieres te arreglo el mundo en un momento. Que no hay historias imposibles, ni sueños irrealizables, ni personas inalcanzables. Que no. Que eso se lo inventan los que tienen miedo de salir ahí fuera a vivir su vida.
Y yo tengo miedo, no creas que no. He hecho el cálculo. Hay un millón de posibilidades contra una de que estoy se vaya a la mierda. Pero, ¿sabes qué?, estoy triste porque por ti no puedo dejar de ser fuerte. Porque por ti no puedo alejarme de todo y vivir debajo de una piedra. Porque a ti no puedo dejarte marchar porque sí. Porque dicen que si esperas resultados distintos necesitas hacer algo distinto. Tú eres distinta. Eres la única persona por la que valdría la pena luchar, la única por la que lo haría.

Estoy triste porque no puedo imaginarme la vida sin ti. Porque te quiero más que a nada en este mundo de mierda. Y estoy triste porque me da igual si no me quieres como yo quiero que me quieras. Porque prefiero una mitad tuya a el todo de cualquier otro.

Estoy triste porque te voy a convencer. Te voy a convencer de que vale la pena estar conmigo. Que soy más simpática de lo que parece, que tampoco escribo chorradas tan grandes. Que desafino adorablemente, que soy pesada porque me gusta verte suspirar, que hablo como si fuese retrasada porque me gusta cómo te ríes. Te voy a convencer de que te quedes conmigo. Sin exagerar, sin tonterías. Te quiero con todo mi ser, si te vale.


Te voy a convencer, cueste lo que cueste. Y si no lo consigo, será lo último que haga. Porque la vida sin ti no es vida.  Intenta quererme un poco, ¿vale?

Everytime I close my eyes
It's like a dark paradise
No one compares to you
I'm scared that you won't be waiting on the other side...


sábado, 10 de noviembre de 2012

Platónico

Tengo morriña de viernes. Esa que aparece cuando me pierdo. Los viernes por la noche, por ejemplo. Ese momento en el que tú tienes sueño y estás más cerca del mundo de las ideas que de mí. Me entra morriña, no sé muy bien de qué. Tal vez de perderme para después encontrarme. Te escribo a ti, como siempre, porque ahora he descubierto que además de estrella, princesa y mi heroína favorita; eres también el ejemplar de tu propia idea.

 Tengo morriña un viernes por la noche y te escribo porque no sé dirigirme a otra persona. Porque eres lo más cercano que hay en dos millas a la redonda. Porque mi jaula de cristal tiene muros a prueba de balas, construidos por los que estáis fuera. Porque los viernes por la noche me siento etérea, me siento lejos. Lejana. Y sólo con sueño soy capaz de soñar algo que después no recuerde.

Pero hoy, día de morriña tengo una buena noticia. Por fin. Y es que creo que ya sé a dónde voy. Qué es lo que hago yo aquí parada en medio de tanta gente en movimiento. Creo que ya soy capaz de saldar la deuda de besos imaginarios, aunque, qué quieres que te diga, no puedo evitar que me pierda el que me agarre por la cintura mientras tú estás lejos...

Sea como sea, he vuelto. He vuelto y soy tuya, soy mía. Tu parte siempre estuvo clara en todo este embrollo. Sigue conmigo, no dejes que me vuelva a ir ahora que ya me he encontrado...



y he terminado de entender a Platón.



...is it by mistake or design?
I feel so alone on a friday night
can you make it feel like home
if I tell you you´re mine?

sábado, 27 de octubre de 2012

(In)alcanzable (es)trella

Hay personas que pasan su vida recordando cómo se conocieron. A mí me parece más bonito pensar que fue hace tanto tiempo que lo he olvidado. Que era tan pequeña que no podría recordarlo. Y, vaya por dios, lo sigo siendo.

Hay personas que tienen días tristes. Para mí ya lo son todos desde que descubrí tu secreto. No es un secreto malo, pero es un secreto demasiado grande. Lo gritan tus ojos cada vez que te miro, y por eso siempre estoy triste. No sé si tú lo sabes, o si te lo han dicho alguna vez, lo que pasa es que en realidad eres una estrella. Por eso siempre estás mirando al cielo, porque las echas mucho de menos.  No sé por qué estás aquí, ni si tienes alguna misión celestial. Pero está claro, que como toda estrella, eres inalcanzable.

Hoy estoy triste, ahora que siempre estoy triste, y no es extraño. Hubo veces en las que llegué a pensar que abrazándote, te abrazaba realmente. ¿pero qué espacio puedo ocupar yo en el corazón gigante de una estrella? Y por mucho que digas que es un espacio importante, siempre será uno muy pequeño.

Hay personas que no saben lo que es dormir con una estrella. Yo sí lo sé, y no es fácil, porque nunca deja de brillar. Solía decir que sabía más cosas. Pero se me han olvidado todas desde que estoy triste. Y ahora que sé que eres una estrella ya no sé cómo quererte. Es muy difícil, ¿sabes?, porque no me explico qué podría querer de mí una estrella que no se conformaba con el cielo entero.



Estoy triste, y no debería extrañarte, porque hubo veces en las que pensé que te quedarías para siempre conmigo.
Pero dime tú quién puede retener a una estrella. Y dime tú cómo seguir a una estrella que sueña con el cielo.

sábado, 13 de octubre de 2012

Penélope.

'Love will find you', canturrean en mi cabeza, y les contesto que ojalá sea yo más rápida. No soy más que una gata asustada que da vueltas a un café frío. Alguien que blande ideales de día y tiene miedo por las noches. Alguien que en su particularidad bohemia prefiere el té rojo a la absenta.

Soy una gata asustada que, como Liz, solamente está aguantando en este tejado que quema. Con unas ganas de saltar enormes. La cola erizada, los nervios de punta. Tengo miedo y las pupilas dilatadas.

Tal vez tú no seas Ulises, empezando por un cambio de género; lo que está claro es que yo no soy Penélope. Que si te vas no podré esperarte, que nuestra ambigüedad será succionada por los desvelos y algún que otro movimiento sísmico. Yo no seré Penélope. Yo no alejaré a quien intente acercárseme, ya sea con falsas promesas o con risas sinceras. Yo nunca seré Penélope: yo no intentaré retenerte, porque eso no está en mi mano.  Yo no podré esperar veinte años a alguien que no volverá nunca. Y digo nunca porque en el momento en el que tal vez decidas volver ya no serás la persona a la que estaba esperando.


Y , por último, no seré Penélope porque yo tampoco seré la misma persona nunca más desde el momento en el que cruces esa puerta.

lunes, 1 de octubre de 2012

Sáfico.

Quiero que seamos ambiguas.
Que seas arte, que seas prosa poética.
Quiero que seamos nudos,
sin ganas de atarse.
No seas cielo, sé tormenta.
No me abraces, amordázame.
Desátate, desátame.
Seamos Safo y sus delirios.
Seamos sueño. Sé filosofía.
No seas un sí, sé un depende.
Acércate mucho, mucho
y lárgate sin rozarme.
Escapa, ríe. Déjame con las ganas.
Y vuelve,
vuelve sin volver del todo.
Sé la noche. Sé la furia.
Sé ese pensamiento que a la luz del día no parece real.
Sé viento, sé alma.
Sé esa sonrisa que turba hasta el último nervio,
de la última fibra,
de todo el ser de Parménides.
Lo que no es, no es. Y por lo tanto, no existe.



Entonces, ¿qué, quieres ser mi ambigua?


miércoles, 26 de septiembre de 2012

All the leaves are brown...

Las estaciones se suceden. Siempre me tranquilizaron con que volvería el otoño, con que después del largo invierno nacería la primavera... pero nadie me explicó que nosotros no somos así, que nosotros no nos sucedemos; que nosotros somos sucedidos por otros nosotros que nada tienen que ver. Nadie dijo que las risas que brotaban mientras caían las hojas ya no serían las mismas al año siguiente. Nadie me avisó de que ya no seríamos los mismos en ningún aspecto, de que todos se irían y yo tendría que quedarme. Nadie me dijo que cambiaríamos, que el café ya no sabría igual y que las tardes ya no tendrían la misma luz. Que los corazones no tienen tarjeta de memoria. ¿Por qué nadie se atrevió a escupirme que estaría sola? Que me quedaría sentada viendo cómo los demás se alejan. Por qué nadie me explicó que la niñez servía para algo más a parte de intentar echarla hasta que ves que se va de verdad. Nadie dijo que algún día esos besos que sabían a té y a pasteles tendrían que tornarse fuego vivo. Que se tornarían pasiones incontrolables que acabarían consumiendo mi alma y mi cerebro. No hablamos nunca de la transición de crisálida a mariposa, sólo hablamos de la clase de mariposa que debemos de ser. Tal vez sea yo una hipócrita como otra cualquiera, hoy en día quién no lo es, después de todo. Tan empeñada siempre en la empatía y empecinada en el perspectivismo anafórico. Alma, nunca quise hacerte daño. Si fingí que podía con el mundo, me retracto. Vuelvo a casa, vuelvo al calor de las sábanas, al tacto de mi peluche. A la leche condensada. Vuelvo al seno de algo que nunca tuve.

Estoy abriendo de golpe la puerta que casi cierro tras de mí y metiéndome dentro, en el refugio imaginario de los sueños que nos da miedo cumplir. Estoy en mi crisálida a medio abrir, sabiendo que no hay vuelta de hoja que pueda cubrir este gusano -no sé si de seda o de alcanfor-.


Estoy en mi banco, en una tarde de otoño y estoy sola. Estoy cansada, triste, agobiada y con lágrimas en los ojos. El café está frío y nadie me espera en casa... Pero no voy a correr. No tengo prisa. No voy a coger ese tren a ninguna parte, esta vez voy a quedarme en tierra. Voy a ser Peter Pan, por mucho que le odie. No me voy a mover de aquí hasta que la ropa me quede pequeña y mis ideas no quepan en esta cabeza de huesos de azúcar.

Estoy en mi silla. Soy una metáfora, soy una ilusa, soy una ilusión.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Jekyll & Hyde.

Es curioso esto de ser otra persona. U otro ente, si el término persona queda desvirtuado por el contexto.
No tienes más que partir tu alma. Es una partición sencilla. Separas por un lado la personalidad con la que te sientes a gusto. Esa de carácter loable, de grandes acciones y grandes discursos. Esa que bien pudiera ser admirada o idolatrada, tal vez incluso envidiada. Y esa será en la que te refugies de la segunda. La segunda será aquella que albergue todos esos deseos salvajes que aterrorizarían al mundo si los conociera. Y estás segura de ello porque has tenido que partir tu alma en dos por no soportar el peso de una carga demasiado pesada. Es fácil sobrellevarlas de este modo. Solo tienes que cargar con todas tus malas acciones a la personalidad segunda. Podrás satisfacer todos esas pasiones que te asustan a la luz del día. Salir de copas con los fantasmas que envuelven tu alma virginal por dentro amoratada. Beber de los cálices que están prohibidos a esas jóvenes, que como tú, tienen que guardar un pudor que resulta casi aburrido.
Deja el amor y la gloria para la personalidad de día, para aquella en la que confluyen los buenos espíritus. Esa que siempre tiene una sonrisa y que blande ideales libertarios con la hipocresía del horror que encierra en su vientre. Pero ante todo, ten cuidado. Transfunde tu negra sangre fría a la ingenuidad de tu cara limpia. Porque cuando a la luz del día afloren los demonios de actos envenenados de horror y muerte -del propio alma, más que de otra cosa-, solo ésta te salvará de no caer en el abismo real. Porque tú ya sabes de sobra que caerás eternamente en uno ficticio.



Y no te olvides de no asustarte cuando mires tu reflejo. Recuerda que sólo tú ves la mugre tras la máscara. Quién sabe, tal vez tengas suerte y confundas los demonios con sueños. Tal vez seas afortunada y consigas olvidar la línea entre el monstruo y la mujer en la que un día hubieras podido convertirte.

jueves, 23 de agosto de 2012

Roto

A veces te encuentras gente que se rompió alguna vez. Que tropezó y se hizo añicos. Gente que nunca supo arreglárselas sola. Gente que se dejó romper. Y existen personas que nacen para curar a esa gente rota.

Yo fui una de esas. De esas que dieron su vida por arreglar algo imposible. Fallé y ahora veo cómo acaba mi vida sin haberlo logrado...

Al principio hubo un él. Un él que me arregló, o más bien, que unió todas las piezas desperdigadas que había en mí, pero que se soltaron en cuanto salió corriendo. Aprendí a recogerlas, a guardarme a mí misma. A arreglarme. A arreglármelas. Me creía invencible. Con toda esa inteligencia emocional siendo destilada por mis poros. Con las ideas bien claras y el moño bien puesto.

Después llegó ella. La arreglé entera. La cogí rota, descosida, desinflada y la llené con todo lo que tenía. Sin darme cuenta de que esa energía que proyecté en ella nunca fue restablecida. Que dejé de quererme a mí para quererla a ella. Que le dí todo lo que creía que no necesitaba y ella se lo quedó para siempre, junto con el corazón que no sé si tuve. Y así fue como me perdí a mí misma. Olvidándome de cómo se arreglaba uno mismo.

Cómo podría haber arreglado al otro él. A ese al que salvaba en sueños. A ese que estaba tan roto que hubiera acabado conmigo aunque hubiera estado en mi mejor momento. Habría dado todo lo que quedaba de mí por verle sonreír. Por notar ese olor de nuevo. Por volver a tenerlo cerca. Hubiera vaciado todo lo que me quedaba por llenarle. Por enseñarle cómo se es feliz estando solo. Por hacerle llorar con los atardeceres y las películas tristes. Por transmitirle mi empatía y mi gusto por las cosas banales, por el mundo, por la vida, por sus ojos.




Supongo que ahora es tarde. Que ya me he perdido para siempre... que ya estoy rota.

domingo, 19 de agosto de 2012

Total eclipse of the heart.

Te vas acostumbrando al vacío emocional. Al rechazo, a la indiferencia.
Al principio te conformas. Te parece que esos pocos momentos de cariño bastan. Piensas que es normal rogar abrazos, remilgar besos. Crees que podrás sobrevivir al intervalo infinito entre unos y otros. Pero éste cada vez se hace más grande, y tú más pequeña. Poco a poco vuelve el frío, y te conformas con un apretón de manos, con una sonrisa. Con un guiño de ojos cada treinta y seis horas, que se hacen eternas. Eternas porque en esas horas les ha dado tiempo a tus demonios a recorrerte toda la espina dorsal. De cabo a rabo. Infectando tus pensamientos y embriagando tu alma de acero y soledad. Y no importa lo que hagas, da igual que te tires al suelo y empieces a patalear, porque nadie comprenderá qué es lo que pasa. Nadie sabrá nunca que lo único que quieres no es nada más que sentimiento. Sentimiento sentido. Que se sienta y se haga sentir.

Pero te sigues apagando, te sigues oscureciendo. Porque la brecha se hace más grande y sabes que tú no tienes la culpa, permitiéndote el enorme favor de no culparte a ti misma por esta vez. Porque tú no puedes elegir lo que sientes, solo taparlo o maquillarlo. Y con esta oscuridad ambas opciones son inútiles. Te acabas olvidando de todo lo bonito que te unía a Sole. Esa sensación de plenitud contigo misma y la razón es sencilla. Es que el contacto humano no te satisface. Porque el intervalo no es regular y no te sale eso de vivir del aire.




Al final te consumes. Te consumes como ese cigarro que nunca supimos fumarnos.



Once upon a time I was falling in love...
Now I´m only falling apart...


lunes, 13 de agosto de 2012

Universo paralelo.

Te eché de menos. Nunca supe si fue a ti o al fantasma que creé con tus recuerdos. Un espectro que todavía se cuela a veces en mis sueños. En noches frías de verano que recuerdan el frío en los besos de invierno. Qué decir de esos sueños, de esas alegorías en blanco y negro, de esas frases que resuenan en mi subconsciente y que tal vez debería haberte dicho. De las visiones sin lógica ni sentido. Me gusta pensar que son imágenes de algún universo paralelo. Alguno en el que tú me cuidas y yo aún te quiero. Uno en el que las distopías son nuestras utopías dadas la vuelta y mi realidad no es más que la pesadilla de otra Berta. Una que tiene todo muy claro y a la que sus lunares no la inquietan.





Te deseo mucha suerte, yo de otro universo. Espero que te cuide tanto como no hizo conmigo.

martes, 7 de agosto de 2012

To infinity...

Observa el anillo erguido en su dedo anular, mientras lo toma con cuidado y lo sostiene entre escalofríos de vértigo. Le inunda esa sensación. Esa. La de saber súbitamente que estás en el sitio adecuado. Que todos esos sitios en los que alguna vez no has encajado están de más. Y tiene miedo, pero se le pasará rápido. Miedo a que para ella no sea tan especial. Que su huella no sea tan profunda como la que hay grabada en el anillo y que ya lleva grabada dentro. Se contorsionan sus pensamientos como volutas de humo y le invade esa sensación de felicidad al pensar en todas las combinaciones que podrían haber sucedido en este universo. Qué hubiera pasado si no hubiese hecho tal cosa en no sé qué momento. Si sería igual de feliz o sería imposible igualarlo. Y sonríe con lágrimas a punto de saltar de sus ojos, mientras da gracias por estar aquí y no en cualquier otro sitio.

¿Que por qué un infinito? Porque ahora, aquí, sin importar lo que pase, es eterno. Y, ¿sabes por qué no es triste ese 'lo que pase'?




Porque podemos hacerlo infinito si tú quieres. Podemos hacer que sea eterno. Ya sabes que a veces se puede concentrar la eternidad en un suspiro.


...and beyond.

jueves, 2 de agosto de 2012

Réplica.

Hace tiempo que se perdió a sí misma. Que se dejó abandonada en algún lugar de esos que nunca pisó. Que murió en un beso de esos que nadie le dio. Que resucitó con los escalofríos en las vértebras que nadie le hizo sentir.

Hace tiempo que no sabe quién es. Que vaga por ciudades que no son la suya. O que por lo menos no lo aparentan. Que se pierde un poco más en noches de fuego que terminan en infastuosos sucesos que acaban a su vez en tortura de la conciencia y el alma. Hace tiempo que no sabe qué busca. Tal vez por eso no encuentra nada. Hace tiempo que la abandonaron las mariposas suicidas, que no rugen como si tuvieran hambre de amor puro. A lo mejor se consumieron con el alcohol que no bebió. Hace tiempo que se araña intentando darse calor en su frío imaginario. Que hasta los dulces saben rancios.

No sé por dónde empezar a buscarla. No sé dónde encontrar aquella risa que encendía su alma. No sé dónde encontrar ese hormigueo que hay que sentir al acercarse tanto a una persona amada. No sé qué hacer con ella si la encuentro. No sé si será la misma, aquella a la que ya no recuerdo, o se habrá convertido en un monstruo de los de sus historias absurdas.

No encontrará en ninguna parte más odio que en sí misma. Porque hace ya mucho tiempo que no se encuentra. Que perdió el arte o las ganas de escribir. Que perdió la esperanza de alcanzar a los que anhelaba...




Te echo de menos. Te echo de menos como si hubiésemos sido una. Como si no nos hubiésemos perdido para siempre. Esta vez que no venga nadie a salvarnos, por favor. Vuelve tú conmigo y dime que aún vale la pena ser yo.


I´m not myself, I´m a replica of me.

viernes, 20 de julio de 2012

Abstracción.

Abstraer.
(Del lat. abstrahĕre).


1. tr. Separar por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.

2. intr. Prescindir, hacer caso omiso. prnl.

3. prnl. Enajenarse de los objetos sensibles, no atender a ellos por entregarse a la consideración de lo que se tiene en el pensamiento.



Ahí está ella. Abstrayéndose. Haciendo caso omiso a todo lo que ocurre a su alrededor. Está en un estado de enajenación total y absoluto mientras él habla. Hace rato que ha perdido el hilo de la explicación. No importa, si tiene que examinarse en septiembre lo volverá a ver, por lo menos. Y ahí están otra vez, los ojos que todo lo saben, los ojos de sabio, los ojos que van a juego con los suyos.

Ahí está él. Dándose cuenta de que ella está otra vez distraída, pero se ha prometido no prstarla atención. Que veinte años no es nada, cantan en su cabeza, y se siente aún más viejo. Se le enlaza la letra de la canción con el racionalismo y Descartes y suelta alguna estupidez. Sólo las risas del gentío que estaba algo atento o que se carcajean por inercia consiguen que ella levante la mirada de su boceto a mano alzada sobre el verde radiactivo e insalubre de contrachapado. Ahí están otra vez, los ojos que irradian inteligencia, los ojos que llevan dieciséis años viendo, los ojos enormes que ocupan todo el espacio.


Y ahí están ellos. Escondiéndose de un porqué que alguien inventó. Teniendo las dudas que otros escribieron para ellos y repitiendo las palabras que alguna vez oyeron. ¿y dónde está el mal y el bien? ¿Y dónde se guardan las alianzas marchitas y la inocencia que ya solo se traga papá más que en tarros de violetas de caramelos? ¿Y quién dice qué es lo correcto? ¿Y quién tiene la culpa de que el tiempo estornudara dejando un vacío de algunos años desubicados?

¿Y quién le manda a ella? El gusto masoquista por amores imposibles era una cosa, pero ¿esta estupidez? ¿Y quién le manda a él? Si los pliegues de su frente sólo se pueden comparar con los de su falda.




¿Y la risa? Ay, la risa... de niña, o de mujer. De ella.



miércoles, 11 de julio de 2012

Feliz cumpleaños.

Siempre hay alguna estrella que sobresale en los pueblos sombríos. De esas que ríen carcajadas que contagian gérmenes de felicidad, de esas que parecen hadas salidas de algún cuento. De esas a las que los maestros mandan callar por hacer demasiado ruido. De esas que lo revuelven todo y luego no recogen nada. Siempre hay alguien que llama la atención mientras todos los demás piden silencio.

Con el platino de su pelo brillaba aunque no quisiera entre todos los demás niños del pueblo. De todas formas, ese pueblo siempre tuvo algo mágico, y no era nada extraño que una estrella hubiera nacido allí. Contaban que alguna abuela lejana suya había sido una de ellas, pero eso solo fueron historias para niños, que acabarían desvaneciéndose con los años, al igual que todas aquellas historias en las que una se enamora del chico malo y luego llega uno bueno para salvar su corazón y su alma...

Ella sólo quiso ser feliz. Pero ya se sabe, con el soplido de las velas se evaporan los sueños. Luego llegan las frases inconexas, las cáscaras de amores vacíos, las lágrimas de cocodrilo. A veces no se es suficiente. Las estrellas necesitan ser felices para brillar, pero a muchas personas les ciega la luz o la simple idea de tener las cosas claras. Las estrellas son ingenuas por naturaleza, no ven maldad en gente a la que quieren, solo ganas de ayudar y ayudarse a sí mismas con ello. Pero con los suspiros del alma también se evaporan los sueños. No puedes salvarte siempre. Con el humo de las velas también se esfuman las ganas.



En su último cumpleaños, soplando las velas terminaron de evaporarse sus sueños. Gracias a Dios, fue porque los había cumplido todos. A veces hay que salvarse a uno mismo, por mucho que duela. A veces los demás deberían dejarse salvar un poco. Para eso están las estrellas, para brillar con la felicidad que producen en otras personas.

Y para reír estrepitosamente como si estuvieran chifladas.

miércoles, 27 de junio de 2012

I got chills...

Será que una vez más no sé cómo decirte esto y te lo escribo. Será que me da miedo y aspiro a que lo leas; pero ahí voy yo, dando tumbos a la vez que zancadas en esta noche soporífera. Será que aún estoy respirando nervios y todavía tengo pegado este estúpido acento, será que mañana al despertar ya no me atreveré a escribirlo.

Ahí estoy yo, con todo ese sudor estrechando mi cuerpo, con tu olor para el que no encuentro adjetivos gritando en mi nariz. Y ahí, detrás de esta barrera imponente estás tú. Tal vez esa barrera de dos pasos y media pulgada no exista. A lo mejor tú también quieres alargar el brazo y acariciarme. Ojalá.

No sé qué voy a hacer cuando todo esto acabe, cuando ese olor que sueña mi cerebro entre las bocanadas de aire se disipe. No tengo nada más pensado para el resto de mi vida. No sé si serás algo más que un sueño de verano que lleva siendo soñado desde el invierno, si esto servirá para algo más que para dejarme dormir tranquila.




Sólo quería que supieras que muero cada vez que se queda ese olor tuyo impregnado entre las fibras de mi ropa.

domingo, 17 de junio de 2012

Delirios ambiguos.

Vuelven a compungirse mis lágrimas, ésta vez por la ambigüedad multipatente. Por las situaciones encontradas, por no saber qué hacer cuando el eros deja de ser esa falta idealizada. No sé qué significa esto ni sé cuánto va a durar, pero sé que hay algo detrás que va mucho más lejos y que no sé si se puede romper con un suspiro.
Y aquí vuelvo a estar yo, escondiéndome entre cuatro metáforas, de esas que se pegaban una vez por escribirte. Porque ya no hay frío en el que abrazarse, ya no nieva. Ahora sólo está la asfixia que ahoga mis pensamientos y yo no sé qué hacer con este rebujo. Yo no sé clasificar miradas. No sé almacenar sentimientos de otras personas, no sé gran cosa. A lo mejor resulta que no era tan sencillo vivir sin nombres. Que la ambigüedad de los términos podía confundir. Que el corazón necesita paredes para no irse por las ramas y que yo ya no sé quién soy. Que no sé qué significa nada. Nunca me hizo falta pensar en el futuro si bastaba respirar el presente.

Pero tal vez no era tan fácil ese tú y yo contra el mundo. Tal vez no soy tan fuerte como te hice creer. Tal vez solo soy alguien a quien solías conocer. A lo peor no existe ese lugar que debía existir en el que esconderse. Tal vez sólo sean éstos delirios de humo, como suelen ser siempre.

Es algo que no sé y no puedo llegar a saberlo...



Pero por favor, no agarres mi mano más fuerte si tienes pensado soltarla.

jueves, 31 de mayo de 2012

I want to vanish...

Cloc.

Un ruido sordo en una escala diminuta. El golpe suicida de una lágrima chocando contra una hoja de papel. La exhalación de impotencia que acompaña siempre a la falta de respiración. La angustia en el pecho del estallido que se compunge y metamorfosea en diamantes de sal.

Cloc.

Nunca encontré utilidad a la expresión esa que usan los de corazones acolchados y estoicos. Ese ''¿qué te pasa?'' con tono acuciante e incomprensión en sus ojos. Qué pasa. ¿Qué le pasa a alguien que llora? Qué clase de huracán asola su alma.

Cloc.

No lo sé. No ves que no sé por qué lloro. Que no entiendo nada. Que no me entiendo, ni pretendo que tú lo hagas. Que lloro porque se compungen en mi alma tropecientos mil sentimientos. Las mariposas suicidas que se aburren esperando a morir de nuevo en mi estómago vacío. La añoranza a todo aquello que jamás ha sucedido. La monotonía de un ritmo que no puedo seguir. Mi esfuerzo envalentonado que se da de bruces contra el suelo. La soledad, a fin de cuentas. Siempre la misma canción. Porque todos los que vienen se acaban yendo. Porque todas las personas que consiguen hacerme feliz se acaban marchando. Y porque siempre que se van, lo hacen sin la consciencia de llevarse nada mío, y yo aquí sabiendo que se lo llevan todo.



Son como aquellas golondrinas de Bécquer. Pero esos que se llevan mi alma con todas las sonrisas que me sacaron, son las que no volverán.

lunes, 21 de mayo de 2012

Turn me on.

Necesito un héroe. Que me salve y que me saque de aquí. De este pozo de mentiras y soledad al que me arrojé en un absurdo intento de valentía. En un arrebato de orgullo en un 'yo' cara a cara contra el mundo que no funcionó. Siento que todo me sobrepasa y necesito un héroe, alguien como tú. Puedes ayudarme, venga, sé que puedes hacerlo. Sálvame, por favor...

Cada vez que te siento cerca tengo que reprimir el impulso de saltar a tus brazos, de arrojarme a ti para no soltarte. De gritarte que me quieras. Que me quieras, ni mucho, ni poco, como sepas hacerlo. De aullar al viento que te quiero conmigo y que no puedo decírtelo. Que no puedo porque tengo miedo. Miedo de todo con lo que no puedo, de tus ojos fríos y de tu olor dulce. De no poder soltarte si vuelves a abrazarme, de no poder dejar que te vayas si te acercas demasiado. No me dejes morir. Por favor, no me dejes aquí. No me dejes así. No seas tan frío. Mírame. Mírame y dime que tú también quieres hacerlo, dime que tú también quieres quedarte conmigo... Sé que puedes salvarme y hacerme sentir viva. Dime que es lo que quieres...

Enciende el maldito botón y devuélveme a la vida. Déjame ser egoísta y pedir que me rescates. Bésame, enciéndeme, abrázame. Hazme sentir viva. Quiéreme, cuídame, déjame no ser fuerte. Déjame desvanecerme en un beso. En una caricia. En un suspiro. Me tienes en la palma de tus manos, por favor, haz algo. No me dejes aquí. Sé que puedes salvarme.




Sálvame. Creo que esta vez no podré hacerlo yo sola. Por favor, sé mi héroe. Aunque sea solo por esta vez, ven aquí y sálvame. Creo que te necesito.

sábado, 19 de mayo de 2012

That boy is a monster.

Resuenan mis estúpidos tacones que no sirven para nada más que para hacerme daño mientras vuelvo a casa sola. No es una mala noche, pero es una noche sin luna. Estoy cansada. No quiero seguir por ahí con todo esto encima. Quiero dormir. Quiero huir. Quiero desvanecerme.

Se unen al eco de mis zapatos otras pisadas. No quiero volverme, pero sé de sobra que hay alguien. Huele dulce. Acelero el paso y dejo de oírlo. Pero al doblar la esquina lo encuentro justo delante de mí. Puedo ver sus ojos diabólicos incluso en esta noche sin luna. Un resplandor maligno que se proyecta directamente en los míos. Y aún así no tengo miedo. Debe ser la anestesia del olor a perfume.

Se acerca y yo no puedo moverme. Me rodea con sus brazos y yo no puedo salir corriendo. Se acerca mucho y el olor dulce se cuela por cada resquicio de mi ser. Este chico es un monstruo. Y no puedo huir. No puedo.

Me lleva de vuelta al antro de luces intermitentes y olor a humedad. Con música asfixiante y demasiada gente como para fijarse en nosotros. No puedo gritar. No sabe a nada. Es un beso vacío. No sabe absolutamente a nada. No se parece a nada que haya probado antes. Yo solo quería bailar. Es un monstruo y va a acabar conmigo. Y lo sé y aún así no puedo liberarme de este beso de aire y maldad sin sabor. Intentando descifrar algo en sus ojos endiablados. Vacío y maldad.




Cuando desperté se había comido mi corazón. Y mi cerebro.


He ate my heart, he a-a-ate my heart.

lunes, 14 de mayo de 2012

Bang, bang.

Decir que estuve enamorado de ella desde siempre sonaría un tanto pretencioso pero creo que se ceñiría de un modo más justo a la realidad, y es que, por mucho que doliera a veces, siempre estábamos juntos. Desde que éramos unos enanos que jugaban en el jardín de atrás, con palos haciendo de caballos y disparándonos con el dedo índice y el pulgar.

Seguimos juntos en el colegio y en el instituto, pasamos noches infinitas de verano contando las estrellas, siempre estábamos juntos pero nunca lo estábamos del todo. Ella era especial, no en el sentido que usan los enamorados para hablar de sus damas, ella era mucho más especial que todo eso. Y yo..., bueno, yo siempre fui un niño triste y reservado. Cuando venía a buscarme por las tardes yo siempre tenía un libro en la mano. No sé cuántas veces pudo romperme las gafas... Recuerdo un verano en el que mi madre, ya cansada llevar tantas veces las gafas a reparar, me dijo que hasta que no se acabara agosto no las arreglaríamos. Estuve todas las vacaciones con un trozo de celofán sujetando la maltratada montura de mis gafas... ella se reía a cada minuto.

Supongo que todo el mundo daba por sentado que acabaríamos juntos, que somos esa clase de persona que se complementan, bueno, yo siempre fui demasiado trágico e histriónico como para aceptar esa clase de comentarios. Ella era alguien especial y siendo solo un chaval con pinta de pardillo y flequillo ladeado ya supe que yo jamás podría hacerla feliz, que yo siempre sería esa especie de solitario que parece que amarga todo cuanto le rodea, así que, como podéis imaginar, me rompió el corazón -si no suena demasiado egoísta decirlo de ese modo- el día en que me besó por primera vez. Me alejé de ella y salí corriendo. Ignoro si alguna vez supo que si salí corriendo no fue porque no me gustara sino porque la otra opción era abalanzarme sobre ella en aquel mismo instante.




Salí corriendo porque no soportaba la idea de que fuese mía. De robársela al mundo. Se casó, creo. Tuvo críos. Me gusta pensar que fue feliz, que tuvo más de lo que yo hubiera podido darla.

Otras veces sueño que me grita. Siempre dice lo mismo. 'Yo no quería todas esas cosas. Yo solo te quería a ti'...
Y se me parte el alma en cada suspiro.

domingo, 13 de mayo de 2012

Reichenbach rise.

La vida sigue. Es lo único que merece la pena aprender, y a mí aún me está costando. Tres años desde que se fue, desde que saltó de esa estúpida azotea. Tres años siendo incapaz de perdonarme las dudas. Tres años solo. Más solo aún que antes de la guerra. Mucho más... Sentado en este estúpido sofá, mirando al infinito como hacía él. Imaginándole abstraído con su mirada instrospectiva. Tres años gritando en sueños las cosas que nunca le dije a la cara. Resurgiendo de mis pesadillas con vapores de sudor frío. Hálitos de vida que se fugaron por la ventana de esta casa antigua de Londres.
No vas a volver. No va a volver. Se ha ido para siempre. Dan igual mis deseos, han sido los peores años de mi vida, y sé que no tienen arreglo. Cuando no tienes nada y te aferras a una única esperanza... ¿qué pasa cuando esa esperanza salta al vacío? Vacío como alegoría de mi alma. Viviendo del aire que respiró en esta casa antes de irse. Viviendo del dolor que alimenta mi esencia. Viviendo del corazón que tal vez siga latiendo porque ya no era mío.
La vida sigue. Es lo único memorable que te enseña. Y lo peor de todo es que no hay explicaciones. Sólo polvo en el viento.





Y entonces volvió. De pronto. Tres años después cruzó el umbral de aquella puerta. Una vez leí en alguna parte que nunca se te olvida la cara de la persona que era tu última esperanza. Y sí, no pude más que desmayarme. Porque estaba vivo. Él estaba vivo, y bueno, había vuelto.

-Tampoco fue fácil para mí, John...

lunes, 23 de abril de 2012

No sueñes.

Bueno, pues aquí estoy.
Aquí estoy otra vez escribiéndote y dicendo todas esas cosas que tal vez no debería decir. He vuelto a dejar abierta la maldita jaula de alambre donde guardo todas esas distopías que protagonizas en mi mente, y aquí están, esta estúpida noche en la que ni siquiera hace tanto frío, revoloteando en esta oscura habitación y enredándose en mi pelo.

Aquí están susurrándome con voces de sátira, envolviendo pensamientos suicidas. Gritando en silencio ideas absurdas. Dicen que tal vez te guste mirarme. Dicen que tal vez leas esto y pienses en ti. Dicen que tal vez sólo te escondas para poder verme. Y yo las mando callar, no para dejar de oírlas, sino para poder repetirme a mí misma la idea en la cabeza. Para poder volver a escribir en noches oscuras. A añorar retazos de tiempo que no ocurrirán nunca. A idealizarte, a ti, como a tantos otros, para que la soledad de estas letras no me dé tanto miedo. Para que los puntos nunca parezcan finales y las comas estén más cerca de lo que parecen.
Analizo sintácticamente y hasta el último resquicio de la morfología de sus frases inconexas. De esos epitafios románticos que siguen resonando en mi oído. De esas mentiras dulces que se enrollan en mi pelo largo y estúpido, y se atreven a decir que estaría bien que lo acariciaras. Se atreven a decir que tal vez, igual que hago yo a veces, me cuentes cosas en tu cabeza cuando te sientes solo. Se atreven a hacerme pensar que a lo mejor piensas en mí cuando no puedes dormir...



Y creo que es demasiado. Que es hora de cerrar la jaula, de pedirles por favor que vuelvan a dormirse, a callarse, a cerrar su estúpida boca que no dice más que mentiras de seda.
Que dejen de mentir, de soltar estupideces.

Que se callen, que tú no me has mirado y yo no te he visto... ¿No?

martes, 17 de abril de 2012

Delirios bucólicos.

Una vez escuché su historia. Me impresionó tanto que después de oírla, pasé casi medio año sentándome cada mañana en la misma mesa del mismo café enfrente de la misma tienda.

Era una chica increíble, y digo era porque llegó un momento en el que no la volví a ver. He soñado con su historia cientos de veces. He añadido retales y retazos por doquier, he inventado cientos de finales: contingentes, necesarios, abstractos, irreales, imposibles... pero todos sumamente verosímiles si hablamos de ella... La primera vez que alguien mencionó su nombre -uno de tantos, que obviaré puesto que no alcanzan si quiera a arañar toda la complejidad de su persona- y esgrimió alguien en el aire cuatro palabras sobre ella, quedé absolutamente prendado.
Tal vez os preguntéis si la llegué a conocer... quién sabe. Tal vez entre mis imaginaciones se escondía su esencia, lo dudo, y por si os lo preguntabais también, no, ella nunca supo de mí. Pero no me entretendré con minucias, sigo con la señorita del pañuelo a rayas.

Recuerdo la mañana en la que la vi por primera vez. A las 1o en punto me dijeron. ''Siéntate en la terraza del café de la esquina, y mira la tienda que brilla.'' Llegué un poco antes y creo que lo más hermoso que he visto en mi vida fue aquella visión de brillantes resplandeciendo que quedaron cegados cuando ella se bajó del taxi.

Allí iba ella y allí le seguí yo. Todas las mañanas de su vida, con el abrigo rojo en invierno, con sus pantaloncitos amarillos en verano, pero siempre aquel curioso pañuelo a rayas. A mirar lo que fuera que brillaba, que parecía que le susurraba historias a través del cristal.




Podríais decir que por qué nunca me atreví a presentarme. Bueno... diré a mi favor que lo intenté varias veces, aunque sin mucho éxito...

siempre me olvidaba las gafas de sol en casa.

lunes, 2 de abril de 2012

Lady bird.

Oh, sí, chico, ya lo creo. He estado en sitios que ni te imaginas. He bailado notas que no oirás nunca. He tocado el cielo con la punta de los dedos, he besado el sol y he vivido tempestades en el alma que no alcanzas a pensar. He vagado por rincones de ciudades y de almas tan vacíos y oscuros como nuestro nido de hojas secas y lágrimas de cocodrilo... y aquí estoy, chico, decidiendo si quiero que me beses o prefiero salir volando.

Venga, chica pájaro. No seas así conmigo, sé que has volado tan alto como las águilas, que has arañado el sol con tus uñas de nácar y azúcar, pero te propongo otras formas de usar esas garras. Venga, chica pájaro, ven aquí, a esta tierra de la que te ríes con grandes bocanadas de humo. Baja al suelo, te estoy esperando.

Oh, sí, chico. Aún estoy decidiendo si vales la pena, aún estoy calibrando si serás capaz de enjaularme con un te quiero al oído. Aún estoy decidiendo si mis noches vacías pueden permitirse el lujo de no andar contigo. Aún estoy sopesando la idea de dejarte aquí y salir volando...

Venga, chica pájaro, te prometo que no habrá te quieros. Te trataré bien, lo juro y luego podrás volar, salir volando como haces siempre...




Sabes de sobra que volveré a este absurdo nido de hojalata y soledad, sabes muy bien que después de todo, soy tu chica pájaro.

martes, 27 de marzo de 2012

La chica del vaso de agua.

La chica del vaso de agua lo hacía girar entre sus manos. Lo movía en círculos, deteniéndose a mirar la trayectoria de las gotas desperdigadas y cómo éstas dejaban un tenue trazo por el cristal ajado de un bar en alguna parte. La chica del vaso de agua estaba pensando. Tal vez en alguien, tal vez en algo, tal vez en nada...

La chica del vaso de agua pensaba en otra chica. Pensaba en lo bien ideado que estaba su plan de defensa. En cómo escondía su corazón dentro de una coraza para que cualquiera que estuviera dispuesto a llevárselo, se la llevara también a ella. Pensaba en si le funcionaría a ella ese plan, hasta llegar a la conclusión de que su corazón era demasiado arriesgado para intentar encerrarlo.

Luego pasó a pensar en una melodía. Una melodía que empezaba con los mismo acordes que acababan de arrancarse en el ambiente turbio. Pensaba en textos plagados de metonimias. En oler sinestesias en el viento y en esculpir colores en el aire.

La chica del vaso de agua pensaba en el chico que estaba entrando por la puerta. En ese de pintas extrañas y olores tatuados en vainilla y coco. En alfileres de colores clavados en el alma. En rayos de sol que se cuelan por persianas. En notas de risas desenfrenadas. En mariposas suicidas y en los huevecillos que dejan en los estómagos cuando despunta la primavera. La chica del vaso de agua pensaba en el chico que salía por la puerta. En el chico que no la había visto. En el chico que jamás la miraría. En el chico que se iba para no volver.


Vous savez, la fille au verre d'eau, si elle a l'air un peu à côté, c'est peut-être parce qu'elle est en train de penser à quelqu'un...


-Y entonces él salió y nunca más lo volvió a ver.

-¿Y ya está?, ¿así acaba la historia?

-¡No!, ¡no puede acabar así, mamá!

-Claro que no, era una broma...

>>¿Cómo si no iba a estar yo aquí contándooslo?

viernes, 23 de marzo de 2012

Nada.

Colapso neuronal. Crisis nerviosa. Llanto incontenido. Abrazos forzados. Sonrisas impuestas.

Y luego nada.

Nada. Nada como al principio, nada como a lo que sigue a ese principio, nada ahora, nada ayer, nada mañana.

La luz que traspasa sus párpados tiene un extraño tono anaranjado. Puede que sea el atardecer de una bonita galaxia o solo el cielo de este mundo hastiado.
Reposa su cabeza en el pecho de la Chica de Madera, esa que esconde su corazón dentro de una caja para que no le hagan daño. E ignora los murmullos del resto de pasajeros del vehículo flotante. En unos minutos habrán dejado tan atrás la ciudad de los Sueños Rotos que todo parecerá un mal sueño.
Mientras sigue con los ojos cerrados, y se inspira con el falso Sol que se cuela entre sus pestañas piensa en la ciudad de los Sueños, con su reloj que suena en todos los cuartos de hora con una melodía siniestra y apaciguadora. Piensa en el paradójico nombre de la ciudad, en que sólo allí ha conseguido ser realmente feliz. Piensa en los matices del sintagma, en que los sueños rotos es lo único que queda cuando te subes al trasto flotante. Lo único que quedará de ti en esa ciudad de la alegría emponzoñada será uno de tus sueños flotando en la estúpida melodía de colorines que imponen a sus habitantes.




No van a volver, y ellas lo saben. Pero aún queda un ratito para poder dormirse en el pecho de la chica de madera. Antes de que se venga encima el llanto incontenido, el colapso neuronal y la crisis nerviosa antes de que sólo queden los abrazos forzados y las sonrisas impuestas. Y luego nada.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Azul eléctrico.

Dotado de un histrionismo nada desdeñable y de una realidad que se presenta palpable, los escalofríos no se pierden ni aun con tanto desvarío.

Reprimido, compungido.

Y es que aquí nada tiene ya lugar. Tus manos son más hermosas todavía cuando se dejan soñar.
Esas caricias que despeinan cada poro de mi piel levantan viejas pullas entre el alma y el papel;
y la pluma sale huyendo de mi mano, al parecer, no soportan las envidias entre tanto perecer.
Y el humo de tu cigarro empañando mis suspiros, complicando al aire tibio la huída de tus respiros.
Y ese beso sin sentido,

consentido, agradecido,

apagándose en el aire y extinguiéndose en el tiempo. Perdurando en la memoria y en el rastro de este viento.
Exhalando en cada idea todo aquello concebido, y es que ahora, vida mía, el presente es lo que existe.

Resiste, preexiste...

Y desiste de ver funcionar esta historia que tal vez nunca tuvo lugar.
Entre esta espada y pared, pecho y espalda, caída y suelo y sin recelo vuelve a hacerlo una vez más.
Mírame y siénteme, y dime que, tal vez, esta vez, en la lluvia, en el espacio, en este anacrónico epitafio, esos ojos, tus ojos, eléctricos, sintéticos, sinestésicos; patético mi empeño en no dejarte vencer...

Perder, desaparecer,



querer que tus ojos azules me miren ya otra vez.

lunes, 19 de marzo de 2012

Wish you were here.

Abro los ojos y no estás. Pero no me preocupo porque esa guitarra que adorna mi habitación sin que yo sea capaz de hacerla cantar está sonando, y es gracias a tus manos que la acarician.
Me da el sol en la cara pero no intento moverme, para que no descubras que ya estoy despierta y pares de tocar. Cierro de nuevo los ojos y me voy enamorando poco a poco de cada acorde que consigues hacer que suspire la guitarra que se cansó de mis manos.

Pero no puedo. No puedo aguantar la risa y acabas descubriéndome. Te acercas, me das un beso y los buenos días. Y te tumbas a mi lado en esta cama que sólo vive para acunarnos. Y sé que existe algo ahí fuera a lo que llaman tiempo, que usa la gente que no somos nosotros, pero que entre estas cuatro paredes no se atreve a asomarse porque a nosotros con el aire nos basta.
Vuelves a coger la guitarra y siento celos de que acaricies otras curvas que no sean las mías. Pero no puedo hacer más que mirar cómo mueves los dedos tan despacio y de una forma tan extraña y lejana para mí... De vez en cuando me miras y te ríes, porque la << o >> que dibujan mis labios debe ser muy graciosa...

Y mientras yo me río de estas invenciones mías que huelen a tu colonia y a café y que se proyectan en mi mente en blanco y negro, me río por no llorar, porque



abro los ojos y tú no estás. Los almendros bailan ahí fuera. Todo es precioso, pero tú no estás. Y cómo me gustaría que estuvieras aquí...

domingo, 11 de marzo de 2012

Penny Lane is in my ears and in my eyes...

Suena de fondo una canción de los Beatles, y entre beso y beso sólo llegan notas del bajo de McCartney...

-Abrázame.

-Sabes que esto no es real.- dice sin dejar de hacerlo.

-Parece mentira que eso me lo digas tú -dice riendo-. ¿No había un chiflado de esos que estudias tú que decía que los sueños eran otra forma de acercarse a la realidad última y verdadera?

-Sí, como el arte, según Schopenhauer.

-Pues ya está, abrázame y que no se note que estamos soñando.

Y sigue Penny Lane de fondo, dando más credibilidad a mis sueños y dejándonos estar juntos sin que nadie se entere, un ratito más, por lo menos hasta que acabe la canción...




La he puesto en modo repetir.

jueves, 1 de marzo de 2012

Dilogía.

Ten cuidado porque podría acostumbrarme...

Podría acostumbrarme a tu olor a extrañeza y humo. Incluso podría hacerlo mío, un beso y está hecho.
Ten cuidado porque podría coger las medidas de tu espalda, y hacerme una colcha en tu pecho. Ten cuidado con esa mirada puntiaguda de gato barriobajero, porque podría querer grabarla una noche sí y otra también en mi pecho.
Podría romper de un bocado ese jodido trecho, doscientos veinte centímetros que separan tu boca de mis sueños.

Ten cuidado con lo que dices, podría creérmelo. Ten cuidado con lo que pienso, podría ser cierto.
Ten cuidado con la poesía que inspiras, con las notas que recitas, con el corazón que palpitas...

Ten cuidado porque podría acostumbrarme a vivir del cuento, a mendigar de las fábulas esas que nos tienen contentos, a burlarme del pathos de cualquier tragedia griega para encontrarte en cada esquina de nuestra comedia latina.

Ten cuidado porque podría acostumbrarme a quererte, a respirar tan solo y para poder verte, y entonces tendrías que acabar por romperme el corazón, de un balazo, sin similicadencia y plagado de convicción... Una palabra, tal vez dos. ¿Para qué más?




¿Verdad que es una absurda dilogía ésta, la de entre tú y yo?

domingo, 26 de febrero de 2012

Marioneta trágica.

El titiritero empezó a esconderse. A doblar la vista en las esquinas, a pensar que la marioneta extraña era demasiado complicada. A sopesar la disyuntiva entre lo que es bonito y el precio que se está dispuesto a pagar por ello. Y mientras él se cerraba en sí mismo, urdiendo un plan de escape que no se notara mucho, la marioneta comenzó a jugar con tijeras. A jugar con tijeras y a imaginarse cortando los hilos que, de vez en cuando, se le enredaban alrededor del cuello para que pensara cosas raras.

Así que, ese fue el fin. Sin grandes miramientos. Sin grandes palabras. Sin elocuencia ni similicadencia. Sin sonrisas, pero tampoco lágrimas. Sólo el entendimiento de comprender que todo había sido un gran malentendido. Sin grandes delirios de libertad por no seguir enganchada a esos hilos de plata, pero con la convicción de que era eso lo que había que hacer.



La marioneta es fuerte, siempre lo ha sido. Ahora sólo espera que el próximo Romeo lunático que se atreva a insultarla diciendo que es bella, se piense dos veces lo que quiere poner en juego, y si está dispuesto a perderlo.

domingo, 19 de febrero de 2012

Master of puppets.

El titiritero se equivocó de marioneta.

Las marionetas eran su pasión, desde siempre. Las veía tan hermosas, tan perfectamente vacías. Tan predispuestas a llenarse con sus falacias, a dejarse manejar para conseguir sus propios fines y lo mejor de todo es que ellas no podían reprocháselo.
Cuando se cansaba de jugar con una, buscaba otra nueva y repetía el proceso. Las marionetas eran su pasión, desde siempre.

Pero el titiritero se equivocó de marioneta.

Se enamoró, se encaprichó... -¿quién demonios sabe lo que hizo con exactitud?- de una marioneta extraña. De una marioneta ingenua. De una marionete estúpida, de una marioneta con miedo, con sentimientos, de mí.

¿Y ella qué hizo? Creerse muy lista. La marioneta se lo tenía muy creído, casi tanto como el titiritero. Si vamos a jugar, juguemos, se dijo. Pero las cosas nunca son tan sencillas... No cuando los dos que juegan no tienen lo mismo que perder: el titiritero puede perder su mejor pieza, pero a la marioneta puede no quedarle nada.

Así empezaron a jugar. A moverse dando los mismos pasos, a bailar al compás de la música que no suena, a pintar besos en el aire y a tatuar olores el uno en el otro. A olvidar que puedes caerte, a olvidar que vas a salir perdiendo, a querer por querer, a llorar por amar.




Siguen jugando. No sé cuánto va a durar. No sé si el titiritero dirá la verdad cuando asegura que la quiere. No sé si no miente, no sé si es tan buen actor como ella cree que es. No sé nada.

Solo sé que quiero esto. Aunque sea una misión suicida.

domingo, 5 de febrero de 2012

Gasolina.

El silencio me ha despertado a gritos en esta oscura habitación. La Luna se cuela por los resquicios de las persianas rotas y me invita a aprovechar su luz. Es por eso que he decidido escribirte. Hablarte y contarte esta extraña sensación que invade todo mi cuerpo y que mi mente considera que es mi alma corrompiéndose por dentro.

Este aparentemente absurdo desasosiego ha sido a causa de un sueño. Un sueño horrible, que me ha hecho desgarrarme la garganta sin articular palabra. Y es que mi sueño tiene que ver contigo... Te lo contaré.
>>La lascivia se apoderaba de mis entrañas... y estabas tan cerca... Estaban tan cerca tus lunares de mis labios... no me malinterpretes, cualquier sueño como ese contigo sería perfecto... pero no eras tú. Era tu rostro pero no eras tú. Era una especia de antagonía extraña, no eran oscuros tus cabellos sino rubios y tu sonrisa era una mueca... pero yo no podía parar...

Después, no sé cómo, ni por qué, ardía. Ardía yo entre terribles sufrimientos. Se quemaban mi cuerpo y mi alma por haberte traicionado. Lamían las llamas mi cuerpo para purificar mi conciencia y salvar mi espíritu.




Ha sido un sueño horrible, como has podido comprobar.


Y volvió a apoyar su cabeza en la almohada, haciendo temblar el cabello rubio que se movió dejando paso a los lunares de un rostro mezquino.
Con una sensación incontenible de gasolina en las venas y una chispa fatal ardiendo en el aire.

martes, 24 de enero de 2012

Defecto de fábrica.

Me veo huyendo de esta realidad virtual. De esta especie de simulación pactada, escapando de algo que no puedo evitar...

¿Qué se supone que soy yo? ¿La criatura de un Frankenstein borracho, un androide defectuoso, una copia con delirios de grandeza? Soy una proscrita, una prófuga de esta injusticia, un montón de cables y chatarra que salió mal. ¿Por qué tuve que ser yo entre tantos? ¿Por qué sólo yo, condenada a sentir cosas que no debería sentir. Que están mal. Que están prohibidas. Sólo yo, para no poder siquiera huír con alguien a algún rincón deshabitado de este infierno en la Tierra. Sola. Condenada. Con un montón de pájaros sin plumas en la cabeza y unas cuantas mariposas muertas en el estómago...

Qué sabrán ellos de ética y de moral. Ellos con su mierda de sentimientos artificiales, con sus emociones de garrafón y nuestra sangre de almidón. Qué sabrán ellos de mí y qué sabrán de sí mismos y de lo que hacen.

Ojalá hubiesen tenido más cuidado con su estúpida artesanía macabra. Ojalá hubiesen puesto más de sus vacías almas en sus juguetes de piel y electricidad. Ojalá no hubiesen equivocado los cables, colocado mal los engranajes..., ojalá... no se hubiesen dado cuenta...


Porque no soy más que un defecto de fábrica. Condenada a sentir anhelos que están prohibidos para mí. Que no están bien. Que son sólo fallos químicos de un sistema nervioso mal instalado. No dejaré que me destruyan. Y aunque sea sólo una absurda máquina, no creo que ninguno de esos mundanos que escriben sobre cosas que para nosotros están denegadas haya sabido nunca con tanta exactitud y certeza aquello de que el amor no es para mí.
Y gracias a que me dieron esta sátira de vida, yo acabaré con la suya.

martes, 17 de enero de 2012

Té con leche.

Nieva. Nieva en esta ciudad que nos vio reír hasta hacernos daño y llorar hasta purgar nuestras miserias.

Miro a través de la ventana y sólo siento frío. Y de repente me llega tu olor. Una oleada inunda mis fosas nasales. Atraviesa esta fría estancia y se clava directo en mi alma. Al principio tenue, pero que en cuanto lo identifico contigo se intensifica. Llevo rápido las manos a mi nariz, y aspiro cerrando los ojos mientras busco de dónde viene ese olor. Ese olor a té con leche del que está impregnada tu piel y del que, de vez en cuando, se contagia la mía.
Y creo vislumbrar notas de ese perfume vagando en el ambiente y deambulando entre mis brazos, aunque lo más probable es que tenga el olor tatuado en la memoria y en el corazón vacío, ese al que le gusta dar caladas de tu esencia.

Se desvanece esa sinfonía de fonemas de colores y se apaga mi alma un poco al volver a notar el frío.
Tan solo el frío que ahora se cuela por ese resquicio que queda separando mi calma impertérrita de esos copos que caen imitando al coco que espolvoreas en galletas, de esas que preparas cuando hace frío y te aburres. Y me río al pensar en lo burdo de mis comparaciones, mientras imagino esta prosa sin rima, que suspira por cuatro metáforas que se pegan por escribirte. Y me río del texto que te imagina y te añora tanto como esas hipérbolas estúpidas que dicen algo extraño de una asíntota y de ese maldito olor a té con leche que mi imaginación disparatada decidió atribuirte.

Y con la enajenación de los viejos que leen novelas de amor, me levanto a cerrar esa maldita ventana que no deja de darse golpes para que le haga caso.



Y ahí fuera estás tú. Con tu olor a té con leche bailando en el patio. En la ciudad en la que nieva, jugando a tatuar también tu olor de colores tibios en la nieve blanca. Y ríes, regalando tu perfume al aire, antes de desaparecer de nuevo.

sábado, 14 de enero de 2012

Esa sensación extraña...

No le salieron las palabras al despertador después de haberse quedado dormido, por eso prefirió seguir callado, sin molestar mucho, lo que hizo que ella tuviera que levantarse de un salto de la cama y salir corriendo de casa sin darle tiempo siquiera a peinarse.

El café que tomó de camino al trabajo era el mismo, sus botas las de siempre, la calle estaba tal cual la había visto la mañana anterior, y sin embargo, todo era diferente.
Pasó toda la mañana con una sensación extraña revoloteando en su cabeza. Con una desorientación atípica, con un vértigo exagerado.

No habló con nadie. Cuando llegó, todo el mundo estaba ya sentado, ocupándose de sus asuntos. Miró su reloj para cerciorarse de que no había llegado tan tarde, y en realidad aún faltaban cinco minutos para las siete y media.

Cuando terminó su trabajo volvió a irse, y siguió sin hablar con nadie. Anochecía en la calle, todo estaba igual y todo era distinto. Incluso la luz del crepúsculo se presentaba lejana y extraña. Aun así no se detuvo. Siguió andando. Cogió el autobús y allí no vio a su compañero, por lo que subió sola y se puso a divagar sobre los motivos por los que éste no habría cogido el autobús aquel día.

Mientras volvía a casa no vio a nadie por la calle. Su casa estaba vacía y ni siquiera el gato atigrado salió a recibirla. Acabó por quedarse dormida en el sofá leyendo poesía de Lorca.



Nunca supo qué pasó aquel día. Tal vez se equivocó de hora, de día, de año, de siglo... o de vida.