domingo, 11 de julio de 2021

Text me / Golden

I know you were way too bright for me.

You're so golden
I'm out of my head 
And I know you're scared
Because hearts get broken

Golden - Harry Styles

It's been a while. Or not that much. I can't really tell the difference. But from time to time I still keep thinking about you. I remember things you said. Or your smile. The way you can't hold the gaze, which, to be honest, I find sweet and kind of annoying at the same time. And it keeps me thinking if you are going to ever text me again. Or that was all the time we were allowed to have together. And I really wouldn't mind if our story was written as a dream or a 2-days-lasting summer story, but you are so beautiful it drives me insane. 

For a while, I kept anticipating. Aching for my phone to sound, to get a notification from you. I even turned the sound on. And I felt like I was 15 again, and I'm no longer the person who can endure this kind of love. I wouldn't mind a little unease, a little adventure, but, you know, my heart is tired and somehow fixed, but I'm not sure about how many breaks can resist anymore.

But I keep thinking about you, anyway. I can't help it. I remember that one night when it was like 4 in the morning and I was dreaming you texted me, so I opened my eye and took my phone and there it was a message where you said you've just watched this film I talked to you about and I was like omg this girl is so cool, none of my friends has ever actually watched anything I've recommended them (and neither did I). And I don't know, girl. That other night, when we went to this super fancy bar where the light was all red, I wanted you to give me a sign. I would've stopped talking long before to spend all the hours kissing you. But I wouldn't let myself thinking you could fancy me. How could I? You are so golden. So bright and so fucking deep closed. 

And that other night, with your arm right beside mine, I could feel the energy crossing between our bodies, but I wasn't sure. Because you were so golden. I could see from the corner of my eye your face illuminated by that stupid film that you were so fucking golden.

You always look right, you always smell so sweet, you always look so elegant, like you're in charge. You are exactly the kind of girl I would look to and wonder if I’m about to fall in love with or just too fondly desperate to resemble the slightly. I don't know, girl, you are so golden.

And then I go out to try to forget about you texting me and more than a couple of times I thought someone was smelling like you. That exact amount of sweetness in the air, and even though the nuances weren't exactly the same as yours, I found myself scanning the room to make sure you hadn't magically shown up. But it is never you, of course. 

But look at you. What did you say about my jawline? I guess that was just a line. But I don't know, have you seen your face? Look at me, I'm just a mess, a tangle of insecurities and fears and unspoken thoughts. And, honestly, I totally understand you haven't texted back. Even if I still hope any moment you will. 

That day, back in the sunlight, I couldn't keep my eyes out of you. You kept asking me why. Girl, again, have you seen your damn face? God, you're so golden. So naturally beautiful, like if you didn't need to put any kind of effort to look so fucking good. It was like looking directly at the sun. But, maybe that was the problem? You're too bright maybe. Or maybe am I?




I don't know, girl. You are so golden. But so am I. So, you know, if you ever figure your things out… just text me. It may be too late for us already, but I’d be willing to give it a try. That much light in just one kiss would be totally worth the try.  

domingo, 23 de mayo de 2021

Rentrer chez moi

Breaking up slowly is a hard thing to do
I love you only, but it's making me blue.
So don't send me flowers like you always do.
It's hard to be lonely, but it's the right thing to do.

¿Alguna vez has dejado una casa? Yo he dejado ya varias. Es un proceso lento y agotador. Y, según vas vaciando todo, te asola el vacío, retumban las paredes con el eco de la nada. Y es inevitable pensar en la primera vez que viste ese lugar vacío. No es el mismo lugar que dejas. Y tampoco tú eres la misma.

Aunque el principio y el final estén llenos de vacío, en realidad no se parecen en nada. La primera vez que ves una casa vacía no se te para el corazón. Es un espacio vacío, pero está lleno de todas las posibilidades. La esperanza de días mejores, la ilusión de una tarde con la luz del sol cayendo y colándose por las ventanas. La imagen de un desayuno con café y churros un domingo por la mañana. La primera vez que ves una casa vacía te imaginas a ti misma dentro, y te gusta lo que ves. Te enamoras de la idea de ir llenando ese espacio con la vida que vendrá, de los días de gloria que están por venir. Piensas en la risa que llenará cada rincón, en las noches que pasarás sin dormir y no te importará. En los amigos que vendrán a visitarte y en todo el espacio que tendrás para llenar de libros. 

El último vistazo a una casa, en cambio, es sobrecogedor. Recuerdo ese último vistazo a todas las casas en las que he vivido. Las habitaciones vacías, las cajas con mis cosas que se apilaban en el portal. Odio las mudanzas. Odio las despedidas. En esa última mirada se te encoje el corazón y el alma. Porque, de todas esas potencias que viste la primera vez que miraste, quizás se cumplió alguna. Pero ya no habrá más. Odiaba la última casa que dejé. Odié cada ruido, el frío de las paredes, la humedad.Y aun así cerré la puerta con lágrimas en los ojos, después de un abrazo y una promesa. Porque nunca volveré a esa casa en la que hubo días felices, pero siento que los días tristes se vendrán conmigo allá donde vaya. 

Las personas, a nuestra manera, también somos casas. Recuerdo la primera vez que miré al interior de las personas que he querido, ese primer beso que es como mirar a través de una ventana a lo que hay más allá. Recuerdo la emoción y la alegría de pensar en todos los días de sol que vendrían. La prisa por descubrir cada rincón y llenarlo de risa y de ruido. En todos los ratos que compartiríamos en el interior de la otra. Recuerdo cada habitación de mí misma iluminada con la luz de otras, la frontera que traspasó cada una, las habitaciones donde han coexistido y los umbrales que nunca cruzarán. Recuerdo los cuartos que habité en otras casas, los lugares que me dieron cobijo y las habitaciones prohibidas donde no se podía mirar.

Serás feliz en otras casas. Muchas cosas de un territorio ajeno se volverán propias. Pero siempre llega el día en el que la luz no entra de la misma manera. Las habitaciones se vacían, las puertas se cierran. Algunas veces fui yo quien sacó sus cosas antes de que todo se desmoronara. Otras veces no me dio tiempo: se cerró de golpe la puerta con mis cosas dentro y de repente todo estaba fuera de lugar. A veces mi propia casa se volvió hostil. Y añoré lo que encontraba cuando traspasaba el umbral de otra persona.

Si tienes suerte, puede que vuelvas de visita, pero nunca será lo mismo. Porque en aquel cuarto antes había una foto tuya y ya no. Y en aquella cama me hiciste el amor y aún recuerdo el color de tus sábanas y el calor que hacía en tu habitación por las mañanas de invierno. También recuerdo las corrientes de aire que se colaban de madrugada en aquel cuarto piso, y la cama minúscula de mi habitación de Argüelles en la que dormí contigo, y contigo, y en la que ella nunca quiso quedarse a dormir. Y en esta esquina se hizo de noche mientras hablábamos de la vida y los sueños y ahora que has quitado las sillas, ¿dónde te sientas? ¿Y recuerdas aquella vez que tu gata me odió porque adivinó mis intenciones y al fin y al cabo era su casa? ¿Y recuerdas cuando casa era cualquier lugar contigo, incluso aquellas habitaciones de hotel en las que nos despedimos en uno, dos y tres países? ¿Y recuerdas que casa también fue una furgoneta con las puertas abiertas al amanecer frente al mar?

Yo lo recuerdo todo. A veces pienso que sería mucho mejor no recordar. Vuelvo a mi casa, que está hecha un desastre. Tengo tantas cosas que hacer... Tengo que quitar telarañas y hacerme un hueco entre tanta pena. Lavar la funda de la almohada otra vez, porque aún huele a su colonia y tú nunca llegarás a enrollarte desnuda en mis sábanas bajo el papel pintado. Tengo que deshacerme de todas estas esperanzas que ya no germinarán. Y tirar esa planta con tu nombre que regué demasiado. A veces, lo único que puedes hacer con el vacío de la ausencia de esperanza es aceptarlo. Ya nadie cruzará esta puerta. No quiero que nadie entre. Estoy sola, pero algún día me ocuparé de esta otra habitación de mi casa. Está vacía pero llena de posibilidades. Hoy no lo haré, pero quizás otro día sí lo haga.

domingo, 2 de mayo de 2021

Let's get out of this town, baby, we are on fire

Every now and then, the stars align
Girl and girl meet by the great design
Could it be that you and me are the lucky ones? 

 Lucky Ones, Lana del Rey


Siento que mi realidad está dividida. Me asola de una parte un dolor punzante. Una nube de tormenta que no se aleja, un runrún en los oídos que no cesa. Y, por otra, me recorre una alegría silenciosa, una esperanza contenida, un fuego que crepita en mi pecho. Pequeño, pero intenso, constante. Que se aviva si te acercas demasiado. Que se extiende por mi cuerpo cuando clavas en mí tu mirada, cuando me rozas, cuando me abrazas, cuando distingo tu olor de entre el resto.

Creo mucho en este fuego que está siempre aquí conmigo. Ya lo encendiste otras veces. Pero nunca ha tenido este aspecto antes. Creo en este fuego porque solo puede ser sincero. Creo en este fuego porque hace tiempo que debería haber confiado en todas las pistas que llevaban a ti, que eres quien hace que despierte. Porque si sigo el instinto de mi cuerpo, si sigo el impulso de ese llama, solo puedo pensar en extinguir el espacio entre nosotras, en hundir mis dedos en tu pelo y acercarte a mí para que sientas conmigo todo ese calor que irradio si estás cerca. Solo puedo pensar en que tu lengua vuelva a bailar dentro de mi boca, en que tus brazos me envuelvan, busquen acercarme más y más a ti, apretar tu cuerpo contra el mío y sentirte cada vez más cerca.

Sé que tienes miedo porque una vez tú también tenías un fuego. Y yo quise que ardiéramos y después quise soplar las cenizas, y echarle agua, y enterrarlo y olvidarme de que alguna vez existió. Pero se me hace imposible, porque este fuego empieza desde que te miro a los ojos, y se envalentona cuando oye cómo suspiras si estoy cerca, si acerco mi boca a tu cuello.

Tengo una tormenta al acecho. A veces oigo los truenos, veo los relámpagos a lo lejos. Así que guardo este fuego en mi pecho, lo acuno, lo abrazo, le hablo de ti. Nos hemos imaginado mil millones de futuros en los que estamos juntas, como algo nos ha susurrado que debería ser.

Pero no podemos prever el futuro. Ni saber si los astros se alinearán. Si las nubes descargarán y después nos dejarán un cielo limpio, la paz sosegada de después de la tormenta. La hierba empapada, el ambiente revuelto, denso, pero limpio. Listo para seguir con su ciclo. No sabemos si tu fuego aún late en tu pecho. Si no está cansado, triste, azul. Si hay una posibilidad de volver a reavivar tu fuego con el mío. De prenderlo con las llamas que laten en mi pecho. De que sople y se encienda del todo.




Así que yo acuno el mío, lo guardo, lo abrazo, te espero. Por si acaso algún día tú también quieres arder conmigo.

miércoles, 10 de marzo de 2021

Fuego en las manos

Je me perds dans tes yeux
Je me noie dans la vague de ton regard amoureux
Je ne veux que ton âme divaguant sur ma peau

Une fleur, une femme dans ton cœur  

Estás sentada en la hierba y tienes los ojos de un marrón que es casi rojo. Con la luz de la tarde se intensifica. Tienes los ojos rojos, de un color que se clava en las pupilas. Me obliga a mirar. Y a dejar de hacerlo, cuando me noto vulnerable. Cuando tengo miedo de que sepas leerme. Y de que no sepas hacerlo. 

Me pregunto cómo de evidente resulta mi propia mirada, mis propios gestos. Si al final todos ven lo que yo llevo tanto tiempo intentando no mirar. Si me miras y atisbas si quiera todas las cosas que se callan porque no hace falta decir.

Como el fuego. El fuego no se debe explicar con palabras. No podría hacerlo. No podría decirte que si me rozas siento cómo mi cuerpo se tensa y electrifica, se pone alerta. Cómo mi piel se eriza y algo en mi interior da órdenes para que un cosquilleo recorra toda la superficie de mi piel que abarca tu contacto. No puedo decirte que, si me abrazas, mi cuerpo intenta amoldarse al tuyo. Busca cómo encajar mi peso en el tuyo, cómo unir la curva de mi pecho a la tuya, cómo colocar los brazos a tu alrededor para envolverte mejor.

Y después de abrazarte no te miro. No te puedo mirar. Porque si estuvieras atenta, si quisieras dejar de lado todas esas voces -que a veces también son mi propia voz- que dicen lo contrario, que siembran dudas, que te quieren alejar; verías también ese cambio en mis ojos, que no son rojos, y que se vuelven aún más oscuros después de ti.

Si en vez de escuchar leyeses con los ojos, tocases con las manos, sintieras el crepitar del fuego encendiéndose bajo la piel, sabrías, sin tener que decirlo, todas las cosas que no pueden decirse. Sabrías, sin que tuviera que decírtelas, todas las cosas que no puedo decir y que, sin embargo, aquí están. Arremolinándose en mis manos como el calor en las mejillas si haces que me ría. 

Hay muchas cosas que no puedo decirte. Porque ya te las dije una vez y después quise borrarlas. Porque solo pude pensarlas y todavía estoy intentando descifrar qué querían decir en mi cabeza. Porque algunas me las dijiste tú y las busco y las releo y las revivo y me las imagino con tu voz y me las repito en muchos momentos. Y no siempre en momentos tristes. Ni siempre en momentos alegres. Y no sé cuál de las dos cosas es más peligrosa ni me asusta más.

Hay muchas cosas que no puedo decirte ahora. Porque no serían puras -no me malinterpretes, puras desde luego no serían-. Pero no serían sagradas para mí en la medida en la que es necesario para sembrar el amor. Si algún día te las digo, no pueden estar enredadas en el engaño ni en la mentira. Ni en el dolor que causamos a otros.

Si algún día te las digo, tienen que ser libres y azules como las llamas. Y arder.



Lo único que te puedo decir es que, si alguna vez tú también sentiste el fuego, si sentiste el magma corriendo por tus venas, las chispas eléctricas al rozar mis muñecas; si sentiste el roce en tu mejilla como una caricia abrasadora, o algún cortocircuito en el corazón, que dejó de latir varios segundos al quedarte descolocada por algo, o el calor que lo envuelve todo trepar por tus piernas hasta lo más profundo de ti... No fuiste tú sola. Yo también lo estaba sintiendo.