miércoles, 26 de septiembre de 2012

All the leaves are brown...

Las estaciones se suceden. Siempre me tranquilizaron con que volvería el otoño, con que después del largo invierno nacería la primavera... pero nadie me explicó que nosotros no somos así, que nosotros no nos sucedemos; que nosotros somos sucedidos por otros nosotros que nada tienen que ver. Nadie dijo que las risas que brotaban mientras caían las hojas ya no serían las mismas al año siguiente. Nadie me avisó de que ya no seríamos los mismos en ningún aspecto, de que todos se irían y yo tendría que quedarme. Nadie me dijo que cambiaríamos, que el café ya no sabría igual y que las tardes ya no tendrían la misma luz. Que los corazones no tienen tarjeta de memoria. ¿Por qué nadie se atrevió a escupirme que estaría sola? Que me quedaría sentada viendo cómo los demás se alejan. Por qué nadie me explicó que la niñez servía para algo más a parte de intentar echarla hasta que ves que se va de verdad. Nadie dijo que algún día esos besos que sabían a té y a pasteles tendrían que tornarse fuego vivo. Que se tornarían pasiones incontrolables que acabarían consumiendo mi alma y mi cerebro. No hablamos nunca de la transición de crisálida a mariposa, sólo hablamos de la clase de mariposa que debemos de ser. Tal vez sea yo una hipócrita como otra cualquiera, hoy en día quién no lo es, después de todo. Tan empeñada siempre en la empatía y empecinada en el perspectivismo anafórico. Alma, nunca quise hacerte daño. Si fingí que podía con el mundo, me retracto. Vuelvo a casa, vuelvo al calor de las sábanas, al tacto de mi peluche. A la leche condensada. Vuelvo al seno de algo que nunca tuve.

Estoy abriendo de golpe la puerta que casi cierro tras de mí y metiéndome dentro, en el refugio imaginario de los sueños que nos da miedo cumplir. Estoy en mi crisálida a medio abrir, sabiendo que no hay vuelta de hoja que pueda cubrir este gusano -no sé si de seda o de alcanfor-.


Estoy en mi banco, en una tarde de otoño y estoy sola. Estoy cansada, triste, agobiada y con lágrimas en los ojos. El café está frío y nadie me espera en casa... Pero no voy a correr. No tengo prisa. No voy a coger ese tren a ninguna parte, esta vez voy a quedarme en tierra. Voy a ser Peter Pan, por mucho que le odie. No me voy a mover de aquí hasta que la ropa me quede pequeña y mis ideas no quepan en esta cabeza de huesos de azúcar.

Estoy en mi silla. Soy una metáfora, soy una ilusa, soy una ilusión.

4 comentarios:

  1. Es una relfexión preciosísima!!!
    Jummmm, yo también quiero dejar que el traje de Peter Pan estalle!!

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    1. Gracias! si lo piensas, no es tan difícil, solo hay que creérselo... jaja^^

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Venga, no te vayas así. Delira un poco :)