Odio la forma en la que tu perfume perdura entre mis cosas, y a la vez es lo único que me acerca a ti junto con mis recuerdos. Echo tanto de menos tus historias, y también aquellas conversaciones repetitivas que acababan con un ''¿de verdad?'' por mi parte y una negación por la tuya. La manera única que tenías de fastidiarme y de conseguir que te perdonara siempre con esas sonrisas que me desarmaban. Ya me he hecho a la idea de que nadie volverá a hablarme al oído y a acariciarme el pelo de la forma en la que tú solías hacerlo. Porque ahora la guitarra está desafinada y esos libros filosóficos que solías leer están cogiendo polvo en alguna parte.

Hoy he soñado que me preparabas otra vez aquellos desayunos originales que servían para compensar que no me dejaras dormir hasta tarde los sábados por la mañana. Y fugazmente, he sentido de nuevo el roce de tus dedos sobre mi piel. Y he deseado una vez más que estuvieras aquí.