jueves, 14 de abril de 2011

Y el conejo saca un mago del sombrero.

-La magia no existe, idiota, eso es cosa de cuentos.

-¿No crees en la magia?

-Para nada.

-¿Has sentido alguna vez esa especie de micro infartos que se sufren al besar a alguien? Seguro que has percibido cómo los poros de tu piel succionaban hasta la última gota de la luz del sol y niégame que no sentiste que volabas aquel día de viento en el que parecía que tu pelo iba a fugarse con el aire. ¿Has notado la electricidad estática que se irradia al coger a quien quieres de la mano?
Y tú... tú que has boqueado como un pececillo delante de la torre Eiffel y también debajo del Acueducto, que te acuerdas de que antes no éramos nada el uno para el otro y ahora se me eriza hasta el vello de la nuca solo con oírte respirar... ¿me sigues diciendo que la magia no existe?



>>Dímelo cuando tu saliva baile con la mía.

miércoles, 13 de abril de 2011

Mariposas suicidas.

No podía soportar aquella horrible sensación en la que sentía cómo su corazón se oprimía contra su pecho, se retorcía y se contraía por el agudo dolor que provocaba el tumulto de mil alfileres incrustándose en el acerillo de su alma.
Después podía apreciar cómo el dolor se expandía y contaminaba los órganos circundantes para terminar desapareciendo y perdurar únicamente como un mal recuerdo de la traicionera subconsciente que reía bocanadas de humo en su cerebro.

Y lo peor de aquellas angustiosas evocaciones era la sensación de vacío que dejaban una vez se habían largado. De vacío y de miedo, porque después de retorcerse las sogas en su estómago, que mecían las mariposas suicidas, la tristeza emborrachaba hasta el último rincón de su insípido alma. Aquellas mariposas suicidas de belleza truncada que permanecían dentro de ella como el alcohol en la sangre, como el alquitrán en los pulmones y de las que no buscaba deshacerse, por mucho que consiguieran hacer desbordar sus ojos abnegados, y que al igual que una llaga mal curada, se agitaban con el ligero roce de sus labios, que venían a morderla en sus sueños envenenados con fresa y antimonio y a los que ella esperaba casi con delirio.


Nunca supo qué fue peor, si el remedio o la enfermedad.

domingo, 10 de abril de 2011

Delirios escondidos.

-Ve tras ella.

-Y... ¿Qué pasa contigo?

-Yo estaré bien.

Él fue detrás de la chica del pelo verde, el vestido negro y las botas militares. Pero... ¿qué pasó con ella? ¿Con la otra? Supongo que eso es lo que se corta en las películas, porque importa más bien poco, pero me gustaría imaginar un final bonito para ella, mientras los tortolitos se alejan.
Empieza a correr y sonríe, se da cuenta de que ella también es bonita y que alguien vendrá a decírselo, tarde o temprano. Y va pisando charcos con sus zapatillas de lona llenas de dibujos mientras piensa que sus peces ya la echarán de menos.


¿Ojalá algo fuera distinto?

sábado, 9 de abril de 2011

Medusa.

Solía ir cabizbaja, mirando al suelo, y a veces se escudaba detrás de unas gafas de sol de espejo. Arrastraba los pies y andaba encorvada. A menudo pensaban que los ignoraba porque no los miraba mientras hablaban, pero no era así, simplemente no le gustaba que alguien pudiera acceder a ella a través del portal de sus ojos.

Mírame a los ojos..., retumbaba en su cabeza el eco lejano de la frase trazada. Y lo hizo. Y cuando sus ojos vieron apartar la mirada opuesta, se alegró en lo más profundo de su alma de que sus cristales marrones removieran conciencias y que el lignito forjado desbaratara todos aquellos ultrajes, y le hubiera gustado ser la gorgona Medusa, para sonreír tétricamente mientras ellos quedaban petrificados.


Pero, supongo que mis personajes son planos. Y no, sus ojos no petrificarán nunca ni se alegrarían si pudieran hacerlo.

viernes, 8 de abril de 2011

domingo, 3 de abril de 2011

Los sueños, sueños son.

Todas empezaron a vociferar incoherencias, yo miré a tu acompañante que permanecía callada, al igual que yo, y me alejé un poco del grupo. Os dispersasteis, y Sandra gritó mientras te alejabas:
-¿No piensas despedirte de ella?
Me paré en seco. Te acercaste por detrás, sin que me diera cuenta, y muy bajito me dijiste:
-Adiós...
Me di la vuelta y estabas ahí, mirándome. Tan precioso como siempre, con el pelo despeinado algo más corto, envuelto en la oscuridad de la noche y de tu ropa, mal iluminado por la luz naranja de las farolas. Te acercaste, me besaste.
-Pero... ¿eres tonto?
-No.-Alcanzaste a contestar antes de volver a hacerlo. Y pude sentir cómo tu saliva curaba todas y cada una de las heridas de mis labios.

Mientras te largabas por donde habías venido, gritaste sin volverte:
-¡Nos vemos en dos días!
Eché cuentas mentalmente y calculé que eso sería un viernes.


Y me alejé dando saltos, con una de esas sonrisas mías tan grandes y bobas. Y de repente se hizo de día. Mis sueños no son nada coherentes...

sábado, 2 de abril de 2011

Efecto retardado.

Era de efecto retardado, la pobre. Primero le contaban un chiste, a los cinco minutos se reía. En clase de gimnasia la pelota impactaba sobre ella, después hacía amago de darla y alguien gritaba: ''¡Tienes que dar tú a la pelota, no ella a ti!''. Primero se disparaba el flash, luego sonreía para la foto. Se le caía un lápiz, lo intentaba coger cuando ya se había posado en el suelo, al igual que cuando se caía ella: ya había aterrizado cuando se agarraba al aire.


Era de efecto retardado, la pobre. Por eso, le echó de menos cuando volvió -y no antes-, y se enamoró cuando ya se había ido.