Y soñé con ella.
Soñé su sonrisa, soñé sus ojos tristes, soñé en abstracto. Soñé que me esperaba, soñé que lloraba por no encontrarme...
Soñé que peinaba sus cabellos de oro apagado en lo alto de una de esas torres envidiosas que siempre se precian de ser las más altas. Y soñé que leía y leía. Que me imaginaba entre sus historias. Que de retales tejía mi alma. Cuarteada, hastiada, gastada.
Soñé que no sabía mi nombre, que desconocía mi rostro, que sólo podía amar al viento en mi lugar.Y me miraba desármandome, por no comprender qué decía, y se reía sin más, porque yo no la entendía. Soñé que ella me soñaba, y fue lo más bello que he soñado y soñaré en mi vida. Empapé mi almohada con sus lágrimas, y rió carcajadas en mi almohada el trinar de su risa. Inés dijo que se llamaba. Siempre Inés.
Inés con su calma, con su mirada cansada, con su voz que no sé de qué me habla. Con su ciencia y sus hilos, con sus caricias al alba. Perdida en las estrellas o en las pequeñeces de la nada. Y ella es así, siempre Inés, mi Inés.
Si no consigo verte esta noche o si vuelvo a soñar contigo pero no me salen las palabras, espero que el cielo estrellado te diga que te sigo buscando.
Que pase lo que pase, yo te sigo buscando.








