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jueves, 5 de enero de 2012

Delirios miméticos.

Ella fue la única que consiguió decir en voz baja todo aquello que otros solo saben decir gritando.

Con cada palabra que decía remendaba los agujeros que un día yo infringí en su alma a la vez que abría con puntadas la mía. Me soltó todo aquello que nadie fue capaz de decirme.
Me recordó que la vida era otra cosa. Que yo era uno de esos amantes cobardes que temen a los amores imposibles de los que siempre renegué.

Sin necesidad de un espejo, me hizo ver que la hipocresía que tanto decía odiar, también se encontraba entre los pliegues de mi ropa, de mi piel. Yo no la creí. Al menos intenté no creerla.
Pero bien sabe ese dios al que aborrezco que tenía razón. Que yo no era más que otro fraude... y ella, bueno..., ni se molestó en decirme qué era ella en todo esto.



-Algún día escribirás esto.- le dijo el hada al caballero poeta, a lo que éste ni siquiera se dignó a contestar. -Algún día cuando aprendas que esas palabras vacías que escribes significan algo aunque tú no lo sepas.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Mariposa azul.

Cloc, cloc, cloc.

Resuenan sus zapatos en el frío asfalto, y le miran con ojos muy abiertos los gatos desde debajo de los coches.

Atrás quedan los besos vacíos, las risas de miel, los abrazos de aire. Atrás quedan instantes robados, días marchitos, el año perdido.

¿Y no dicen que en esta noche puede pasar cualquier cosa? Sí, eso dicen.

Guarda bien las manitas dentro de su abrigo recien planchado y esconde la barbilla en la bufanda de colorines. Mientras va corriendo, y resuenan sus zapatitos en el asfalto. Porque en esta noche en la que puede pasar cualquier cosa, una chica como ella, que nunca ha encajado del todo en un sitio como éste, deja atrás todos esos besos vacíos y esos abrazos largos de aire, esas miradas tristes, esos arpegios de hielo, esa soledad incomprensible.

Y ya ve cómo bailan las mariposas ahora que despunta el crepúsculo. Ya bailan y se preparan para llevarse consigo a la niña. Porque en esta noche en la que puede pasar cualquier cosa, ella que deja tanto atrás, incluso un poquito de pena por irse de este mundo que jamás la comprendió y al que le hubiera gustado al menos una pizca entender, sin conocer otro ser capaz de ver esas mariposas que revolotean alrededor de los enamorados cuando se besan, esa luz que irradian los niños que de verdad son buenos, y las Julietas olvidadas por los Romeos de poca monta, ese soniquete y la felicidad que sólo producen los gatos y todas esas cosas que a nadie le importan.



Dieciochomil mariposas revolotean ahora, y se expande su alma entre la multitud de corazones valientes, buscando a aquellos que de verdad creen, ya no sólo en la magia, ya no sólo en sí mismos, sino en la vida entera. Y así siempre está y nunca está del todo, y así siempre vive y cada día muere un poco, y así mariposa, es eterna como el viento, como el aire. Es eterna como el amor.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Narcisismo.

Lo prometí. Prometí que te querría. Pero ya no te lo prometo más.

Mis promesas se tiñeron con el mismo veneno del que se impregnaban tus falacias. Arrancaste hasta la última pluma de las alas que un día coronaron mi inocencia, llevando con sus raíces todo rastro de bondad y sembrando un reguero de miseria y soledad.
Y ahora vuelves, edulcorando versos para otras, satirizando estrofas, tatuando amaneceres en otras camas.
Paseando tus delirios, filosofando dogmas que nunca creíste, arañando tópicos que en mí jamás viste.
Y yo, condenada a contemplar este sucio espejo, añorando retazos de tiempo que sólo ocurrieron en mi mente, contando defectos al estoico rostro que me devuelve la mirada indiferente desde el otro lado, que aprieta los labios mientras intenta desentumecer su alma.



Tú, convertido en un Lord Henry anacrónico, me enseñaste a adorar la belleza. Me enseñaste a creer en ella. Para después escupirme a la cara que eso ya no era lo más importante. Que ya no me servía de nada ser bella.

domingo, 25 de diciembre de 2011

...like Jack and Sally...

Lo recordé, lo recordé todo.

Me inventé que te hablabla y que te echaba en cara todo lo que no hiciste, que te absolví de todas esas promesas que nunca cumpliste. Me tatué en la nariz el rastro que dejaste, el rastro de aire y susurros que volvió a hacer zozobrar mis piernas. Pero solo fue eso, amor. Sólo conseguiste hacer temblar mis piernas. En otro tiempo hubieras conseguido poner el mundo boca abajo con solo una nota de tu risa.

Recordé, recordé todo lo abstracto, recordé lo irrecordable, recordé lo nimio. Recordé que lo importante no era recordarte. Recordé que no recordaba nada y me aburrí definitivamente de perder de esa forma tan estúpida el tiempo.



Y lo mejor, lo mejor después de la risa satírica, los acosadores treintañeros y los futbolines descascarillados, fue que no me sentí pequeña, no me sentí pequeña y mis zapatos eran planos.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Tu connais l´endroit?

¿Dónde está?, ¿dónde están?, ¿dónde estás?...

¿Dónde está aquello que me prometiste, dónde estás tú, dónde están todos esos sueños perdidos?
Dónde estoy yo, dónde están mis recuerdos, dónde está mi alma. Dónde está la luz, dónde está la vida, dónde se esconden los duendes, dónde está la nieve, la lluvia, el amor.
Dónde está tu risa, tus ojos, los libros del diecinueve y dónde están los bancos de madera.
Dónde están los besos aletargados, los abrazos de hielo, los labios de frío.
Mi cordura, mis ganas de soledad, los augurios de un buen futuro.
Dónde está ese tiempo pasado que según dicen fue mejor, esas lágrimas de purpurina, esas odas a la hermosura por ser bella y al arte por ser efímero. Dónde está ese corazón de madera, esas uñas de gato, esas mejillas rojas, esas caídas de párpados.
Dónde duermen las mariposas suicidas que se balanceaban en mi estómago, dónde saltan las palomitas de colores, dónde maullan los tigres, dónde matan los besos de antimonio y menta.




No sé dónde está, no sé dónde están, no sé dónde estás. No sé si quieres que te encuentre ni si merece la pena intentarlo.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Once upon...

Huele en casa a quiche, a frío y a páginas de libro de algún escritor decimonónico.
Duermen las mariposas suicidas soñando con su muerte y con besos plagados de toxinas.

Huele a invierno y a café con mucha espuma, a labios impregandos de ella y a sangre mezclada con tinta.
A colapso neuronal, a necrosis cardiaca, a lágrimas con sabor a té. Huele a hielo y soledad, a máscaras de carnaval hastiadas, a rotos que no son suficientes para tanto descosido.

Y ella en medio del murmullo agónico de la tetera a punto de explotar y del polvo que se suicida desde sus manos al escribir después de tanto tiempo, vacía sus últimas gotas en la taza de porcelana mellada. Porque en casa huele a muchas cosas...



Pero de tu olor a letras y a antagonía no queda ni rastro.

viernes, 23 de septiembre de 2011

I'm gonna drink my tears tonight.

Nos quisimos. De eso estoy completamente segura.
La única pega es que no lo hicimos a la vez.

Todo aquel pseudo amor reprimido se estampó en la coraza cuando la añoranza decidió quedarse a vivir conmigo. Monopolizó el olvido las sonrisas y atormentó el ayer con sus imposibles. Fue aquella absurda melancolía la que me llamó estúpida ocho millones de veces, y tan sólo la efímera alegría que acompaña la hora del té empaña brevemente la soledad okupa en mi vida.

Y tú, allí, tan solo... a nueve mil kilómetros de toda civilización, en tu universo distópico, en el jardín de tu memoria, en la risa de los pájaros y en el trinar del viento. En el pasado de mi vida y en el futuro de otra gente. En aquel cajón de sastre y atrapado por mi mente.

Arañado en una entrada de blog. Añorado en todos los minutos impares. Decidiendo no dejar cerrar lo que no hubo de ser abierto.

Obcecado en que la estupidez no tiene límites, y yo corroboro que la mía desde luego no.




I'm gonna drink my tears tonight. I'm gonna drink my tears & cry...

miércoles, 17 de agosto de 2011

I (don´t) need a hero.

Ella era fuerte, más de lo que todos pensaban, incluso él.
Se envolvía con una fragilidad extraña, un gusto por lo delicado, con la manicura perfectamente arreglada y el arco de las cejas esquisitamente trazado. Por gusto, más que nada. Nunca hizo falta que fingiera que era débil, tampoco que fingiera lo contrario.

¿Por qué intentó siempre adaptarse a la situación? Jugar a ser la damisela en apuros, la señorita de tobillos flojos, con las manos en la boca a la hora de reírse, como hacen allá en Japón. ¿Por qué en otro momento cambiaba lo marcado? Se volvía impertinente, contestaba a cualquiera y escupía bofetadas con palabras. Buscaba hacer daño con una mirada y los labios fruncidos, contemplaba con altanería y buscaba encontrarse a sí misma en su reflejo.

¿Por qué intentó siempre gustar? Parecer algo que no era, entretenerse con la simulación, teatralizar y sobreactuar.

Quisiera ser quien te salve para que tú pudieras salvarme después. A quién pudieras recoger cuando tropiece con mis botas de bruja piruja sabiendo que no hay pilar más fuerte al que te puedas aferrar. Y cuando te envuelva la soledad y te de miedo lo absurdo cantaremos canciones estúpidas como en los campamentos, y cuando la oscuridad sea lo que más te atraiga, me pondré unos leggins de vinilo e iremos a algún garito de mala muerte...
Te prometo que jamás seré tu musa, no intentaré caerles bien a tus amigos y si tu madre me habla mal no querré volver a verla.





Pero yo no puedo ser siempre Lois Lane, yo también quiero ser Superman.

viernes, 12 de agosto de 2011

El vals de las mariposas.

-¿Quieres bailar conmigo?

Y como el recuerdo de dieciocho mil sonrisas, tropecientos millones de caídas de párpados y billones de estupideces dichas, pensadas y sentidas se balancean en mi estómago las mariposas suicidas con ganas de bailar el vals desacompasado que interpreta la orquesta de la verbena fúnebre. Se mecen en sus sogas, con los ojos cosidos y una falaz sonrisa, cual espectro humillado llevan a cabo un patético paripé al verse bailando la melodía discordante que va inundando cada galería por la que circula mi sangre.

Incluso mis piernas se contagian de la danza nauseabunda y tiemblan descaradamente burlándose de la última brizna de cordura que se agarraba con fuerza a mi cabello, se envenena mi sonrisa con el tóxico polvo feérico y después, como una exhalación, estoy fuera de lugar.

La convulsión se vuelve tan insoportable en mi estómago que sólo se me ocurre vomitar mentiras y escupir lágrimas, esgrimiendo una nostalgia mutilada que se ríe de mí.






-Bailaré contigo, pero eso no implica que vaya a hacerlo bien.