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jueves, 29 de diciembre de 2011

Otra vez ese maldito té.

Bailan escalofríos en las vértebras de su espalda mientras mueve y remueve la cuchara dentro de su té. Se está esforzando en vivir deprisa. Tanto que casi no tiene tiempo de pararse a pensar en si lo está disfrutando o no. Sólo ahora tiene que esperar. Esperar mientras reposa el té en la taza mellada. Y junta mucho las piernas para no caer en el abismo.

Y cuando por fin saca la cuchara verde y posa cuidadosamente sus labios en la taza rota, se da la razón a sí misma en eso de que las lágrimas son un buen acompañamiento para el té verde.
''¿Por qué lloras?'', le preguntan. Y no sabe qué contestar. ¿Realmente tiene que hacerlo? La mirada inquisidora parece exigir respuesta. ''Porque se acaba el año'', improvisa. ''Pero no seas boba, si empieza otro igual'', sentencia la voz inquisidora como si hablara con una niña. Y en parte -o en todo- lo hace. ''Exacto, otro igual''. Amigo, nos acercamos al trasfondo, ¿eh? ''¿Y qué pasa que este, ha sido un mal año para ti?'' ''No...'' Y el tono inquisidor empieza a enumerar todo lo bueno que ha pasado. Todo lo que ha conseguido, como si debiera haberlo hecho. Como si hubiese sido su obligación, su propósito. Y vuelve a beber sin siquiera molestarse en enjugarse las lágrimas. Porque hay cosas que es mejor dejar pasar. Y esperar. Esperar por mucho que el ritmo de vida que tanto gusta de ser frenético no cuaje del todo con la idea.



''¿Todavía no te has acabado el té?, ¿es que tanta lágrima no te deja saborearlo?''. Y calla, calla una vez más para no caer, para no discutir, para... ¿para qué?

martes, 27 de diciembre de 2011

...tears to shed...

Ya está otra vez. Otra vez con ese gesto tan estúpido, haciendo muecas patéticas para evitar que se suiciden sus lágrimas. No sabe hacer otra cosa. Sólo sabe vomitar lágrimas y vomitar textos que se aprende de memoria. Y cada vez ambas cosas se le dan peor.

Y sigue temblando, y no sé por qué siente un absurdo cosquilleo en el interior de sus dedos, mientras vuelve a arrugar el gesto en un intento apabullante de recoger los diamantes suicidas que resbalan por su inepto rostro.

¿Y qué has hecho esta vez que no haces nada nunca bien, querida? Y qué haces que no aprendes cuando te conviene, y qué haces ahora cayéndote al suelo como un castillo andrajoso de naipes, cielo. Y qué haces ahora. Y qué coño haces ahora que no puedes ni levantarte del suelo por lo mucho que pesan los delirios de tu cabeza.



Y mira lo que has hecho, boba. Has inundado el suelo.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Tu connais l´endroit?

¿Dónde está?, ¿dónde están?, ¿dónde estás?...

¿Dónde está aquello que me prometiste, dónde estás tú, dónde están todos esos sueños perdidos?
Dónde estoy yo, dónde están mis recuerdos, dónde está mi alma. Dónde está la luz, dónde está la vida, dónde se esconden los duendes, dónde está la nieve, la lluvia, el amor.
Dónde está tu risa, tus ojos, los libros del diecinueve y dónde están los bancos de madera.
Dónde están los besos aletargados, los abrazos de hielo, los labios de frío.
Mi cordura, mis ganas de soledad, los augurios de un buen futuro.
Dónde está ese tiempo pasado que según dicen fue mejor, esas lágrimas de purpurina, esas odas a la hermosura por ser bella y al arte por ser efímero. Dónde está ese corazón de madera, esas uñas de gato, esas mejillas rojas, esas caídas de párpados.
Dónde duermen las mariposas suicidas que se balanceaban en mi estómago, dónde saltan las palomitas de colores, dónde maullan los tigres, dónde matan los besos de antimonio y menta.




No sé dónde está, no sé dónde están, no sé dónde estás. No sé si quieres que te encuentre ni si merece la pena intentarlo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Pray for your sins...

Vaga por los rincones de una Praga virulenta y oscura, sin pensar en qué puede salir a su encuentro, pues sea lo que sea se entregará a ello.
No importa cómo sea, no importa lo que sea, no importa lo mal que lo interprete. Si le tiende los brazos, será suya. Si le susurra al oído, será suya. Con un sucio beso, será suya. Si le promete un billete al cielo, será suya. Si le habla de Holanda y sus confines será suya.

Y se congela su alma de frío y pena por los oscuros puentes donde rondan los enamorados, y se pudre de asco su corazón hastiado y descolorido, y se entumecen sus manos y su sonrisa ante la sensación de vacío que cala sus huesos.

Huyendo de la soledad, se entregó a ella. Huyendo de unas palabras vacuas se entregó a sus miedos. Se convirtió en sus temores, se tejió sus propias trampas. Resonando augurios crueles en su mente desamueblada se hizo caer a sí misma una y otra vez.

Se deshizo de lo bueno que quedaba en ella, se marchitó a sí misma en brazos tatuados, en camas vacías, en sábanas sucias. Se perforó el cuerpo cuanto pudo, leyó todo aquello que jamás pudo soportar. Se corrompió entre opio y perfume barato.



Y sobre todo, creyó que lo hacía para huir del destino. Pero no hizo más que buscarlo.

miércoles, 31 de agosto de 2011

C´était une vieille dame...

Ella me miraba, como si no me hubiese visto nunca.
Intenté imaginar un millón de sonrisas por cada surco en su rostro. Su mirada no cesaba, no era una inspección, no le importaba cómo fuera vestida ni mi apariencia, tan solo me miraba. Y yo no podía hacer más que sonreír, intentando jugar a ser la actriz que nunca fui.
El recuerdo de la última vez que nos habíamos visto se agolpó en mi mente, cómo ésta había aferrado mis muñecas como si temiese que fuera a desvanecerme. ¿Hace cuánto fue ya eso?

La estantería de su habitación estaba vacía, tan solo un frasco de cristal, que no sé si sigue guardando colonia destacaba. Entonces me escupió la soledad. Recorrió mi espinazo con el doble de fuerza que la noche anterior, cuando abandonándome a mí misma en un banco pasada la medianoche me obligué a quitarme la chaqueta para sentir algo más a parte de pena.

Recuerdo que me pregunté qué sentiría la mujer que no paraba de mirarme si yo estallaba en lágrimas sin preámbulo, allí mismo. Algo me llamó egoísta en mi cabeza, fue todo un alivio.

Y mientras volvía a casa de noche, una vez más, estreché con más fuerza el libro que llevaba entre mis brazos, odiándome por sentir aprecio por todo aquello que jamás podrá devolvérmelo.




Jamás supe que la abuela tenía los ojos azules. Y si alguna vez lo supe, lo había olvidado.

Entrada nº 100 de 2011<3

viernes, 12 de agosto de 2011

El vals de las mariposas.

-¿Quieres bailar conmigo?

Y como el recuerdo de dieciocho mil sonrisas, tropecientos millones de caídas de párpados y billones de estupideces dichas, pensadas y sentidas se balancean en mi estómago las mariposas suicidas con ganas de bailar el vals desacompasado que interpreta la orquesta de la verbena fúnebre. Se mecen en sus sogas, con los ojos cosidos y una falaz sonrisa, cual espectro humillado llevan a cabo un patético paripé al verse bailando la melodía discordante que va inundando cada galería por la que circula mi sangre.

Incluso mis piernas se contagian de la danza nauseabunda y tiemblan descaradamente burlándose de la última brizna de cordura que se agarraba con fuerza a mi cabello, se envenena mi sonrisa con el tóxico polvo feérico y después, como una exhalación, estoy fuera de lugar.

La convulsión se vuelve tan insoportable en mi estómago que sólo se me ocurre vomitar mentiras y escupir lágrimas, esgrimiendo una nostalgia mutilada que se ríe de mí.






-Bailaré contigo, pero eso no implica que vaya a hacerlo bien.

viernes, 5 de agosto de 2011

Infinite.

La infinidad se presenta demasiado corta a través de tu espalda.

El reflejo del sol ciega mis ojos, y me escudo en las barricadas que extiende tu cuerpo. Refugiándome por un momento de todo cuanto pasa a nuestro alrededor. El mundo sigue siendo mundo, pero para mí se ha cerrado en torno al yin y el yang que dibujamos en la hierba. Por un segundo no es un recuerdo, nada lo es. Es el instante que se está viviendo, simple y llanamente. Es tu sonrisa y mi risa pseudo psicótica de fondo, que empieza a brotar por nada, pero que no cesa. Es la paz que se refleja en tus ojos, es la piel suave que no paro de acariciar, son tus dedos navegando en mi espalda, la línea discontínua que dibujan tus lunares y mi pelo cayendo libre en un intento suicida de oscurecer mi visión, pero tus manos no se lo permiten.

Es esa dulzura que se te escapa, que brota torpemente por mucho que la vez para tu cama se agote tan deprisa. La tranquilidad que se mezcla con suspiros, el anhelo de congelar la imagen de la luz que se proyecta sobre ti, desdeñado al instante por la magia del momento. La salvación que siempre llega cuando estoy al borde del precipicio. La historia que todos ven pero que juega a que nunca cuaja.




Es una lengua de colorines, pero unos labios que jamás se acercan.
Y un corazón, que tiene miedo de que estos lo hagan y de que no. Pero que dejando a un lado el miedo, se muere de ganas.

martes, 2 de agosto de 2011

Six choses impossibles avant le petit-déjeuner.

Soy capaz de creerme seis cosas imposibles antes del desayuno.

Soy capaz de creer que vendrás a despertarme con un beso, como a la bella durmiente. Que mi gato saltará sobre mi tripa para que le acaricie. Que mi zumo de mora me hará encoger, pero que el bizcocho de chocolate conseguirá que crezca. Que vaya a sonar mi canción favorita en la radio y que pongan Big Fish en la tele...

Pero no puedo dejar que me hagas creer que no soy capaz de lograr lo que quiera.



Lo siento, mamá, soy capaz de creerme seis cosas imposibles antes del desayuno. Pero lo que tú me pides va más allá de mis límites.
Si he de arrepentirme será después de haberlo hecho.

jueves, 30 de junio de 2011

I´m a replica of me.

Hacía ya tanto tiempo que la bruja se pudría en aquella torre edificada para el culto a sí misma que había olvidado el motivo del mismo.

De espaldas a aquel espejo mil veces roto, giraba su viejo rostro para contemplar en el reflejo de su espalda el par de burdas cicatrices donde antaño se erigían esas alas increíbles amputadas por la lucidez perversa.
Y alzando la mirada fue a encontrarse con esos dos cristales carmesíes, asimétricos a su manera, último vestigio de su anterior persona, incorruptos todavía, que resignados ignoraban con un estoicismo sorprendente el maquillaje cuarteado y la sombra de ojos que se extendía sobre sus viejos párpados como una capa de mugre en la madera ajada.

Recordó esa filosofía de cordel, que se empeñó en creerse cuando la indulgencia, la inocencia y la humildad reinaban cual tríada despótica en su cielo, mucho antes de que el horizonte se volviera negro y el peso de la virtud intacta y las miradas indulgentes se tornara insoportable.
Esa filosofía que defendía la absurda idea de que cualquier persona que se hubiera sentido amada alguna vez no sería capaz de desear mal alguno a otras dos que se quisieran, una estúpida idea que envolvió sus fracasos con una bondad impertérrita que terminó por pudrirse como ella misma.

Sonrió, con la sonrisa gastada de quien se ríe de sí mismo cincuenta años más joven, ahora que conoce el epitafio de sus anhelos juveniles; y aunque avergonzada del curso que habían seguido sus decisiones egocéntricas, que un día explotaron cuando se acabó el miedo que infundía a los aduladores que la rodeaban, solamente le seguía doliendo una mirada. Y era la mirada que el día fatal en el que perdió lo que nunca tuvo no devolvió más que reproche a los carmesíes suplicantes.


Hacía ya demasiado tiempo que la bruja se pudría en aquella torre edificada para el culto a sí misma, tanto tiempo que había olvidado la belleza del rumor de las olas y el sabor del mar, que a falta de saliva bañaban igualmente sus labios.


Pensó en el pasado, en la gloria perdida, en los ojos que reprochaban y luego en nada.

Empty shell inside of me, I´m not myself, I´m a replica of me.

miércoles, 29 de junio de 2011

Mélange.

Como una idea descabellada más, sucumbió al impulso de juntar varios retazos perdidos, algunas frases mal escritas que el dolor de cabeza se olvidó de continuar, y juntarlas en una entrada sin sentido, pero sintetizada con el estado anímico que se contorsiona de vez en cuando como una montaña rusa; en plan recopilatorio barato, como hacen las viejas glorias cuando ya no saben qué inventar, con cuatro conjunciones entre medias para coser retales de fieltro...

Recordaba aquella vez que pareció tan sencillo sucumbir al caos, no como ahora que se había burocratizado y había que pedir cita para dejarse caer... Ese olor a noches de verano, sueños de jardín y besos que no llegan que se quedaba pegado como el perfume de señora...
Y entre tanto revuelo, dos mil príncipes imaginarios entre las sábanas tatuadas de lágrimas y sonetos con lápiz de ojos que se empeñaban en colapsar sus ideas escupiendo esa historia tras la que se escudaba para regalar todos sus textos, todas sus poesías, todos sus suspiros a aquel duende imaginario que una vez le prometieron y al que esperaba dando golpecitos con la punta de los zapatos en el suelo, para ver si no se demoraba entre setas alucinógenas ni volutas de humo.
Ese duende, que es a la vez todos aquellos a los que una vez ha escrito, todos aquellos a los que escribirá en algún momento, algún personaje de alguna novela genial, un ente metafórico que cubra como sábana vieja cualquier entresijo de sus anhelos secretos, esos que esperan para arder con el alcohol de su sangre.



Y una vez agitados los párpados, después del dulce descanso, una sonrisa onírica infundiendo algo de esperanza blandía con orgullo sus alas de mariposa suicida con ganas de vivir.

Y vaya si lo haría.

miércoles, 15 de junio de 2011

Quoi d´autre?

Y casi tan rápido como se consume un cigarro, se evaporó con la niebla vespertina.



Tan pequeña, tan absurda... que la falta de lógica sucumbió a las leyes de la gravedad.
Tanta presión en las nubes efímeras del idealismo que se explotaron como una pompa de jabón.
Tanto derroche de personalidad guardada en un cajón que la risa no atrevía a hacerse partícipe por miedo a un balazo de realismo perverso.

Tanto vacío, que el eco del silencio podía escuchar los gritos afónicos de la nada.

Y es que el amor es eso, Berta. Si se idealiza, se pudre.

lunes, 6 de junio de 2011

Vuelve.

Y cuando ya estaba a punto de dar por perdido el día y a un paso de sucumbir al placer mortuorio de la rutina planificada a la desesperada en un vano intento de no dejar huecos libres al pensamiento irrefrenable del olvido mal curado, llegaba con su sonrisa de plata el Poeta sin versos, a dejarla con cuatro líneas y dos puntos suspensivos en el limbo de la esperanza alcanzable.



Y sumado a todo esto, había de decir que consiguió arreglar el lápiz de ojos que ya no sabía hacer líneas rectas con el que escribió esto.

domingo, 5 de junio de 2011

C´est le reflet que renvoie l´âme humaine...

-Mira, ¿ves a esa chica de ahí?

-Sí.

-Yo diría que está un poco triste aunque sonría mientras hablo, y me parece que no se quiere lo suficiente. ¿Ves sus ojos marrones casi rojos con esta luz? Dicen más de lo que piensa y, ¿notas su dedo índice de estudiante en la mano derecha? Se exige demasiado, se lo han dicho muchas veces.

Mírala bien, yo creo que no es objetiva y no sé si la imagen que tiene de sí misma es acertada, de todas formas tampoco me parece que tenga motivos para quejarse. ¿O sí? ¿A ti qué te parece?
Está riendo, nadie se ha fijado nunca en las pequeñas arrugas que le salen cuando lo hace, consiguen que sonría yo también.



>>De todas formas, prefiero mirarte de frente, el espejo te da la vuelta y el lunar te queda mejor en el lado izquierdo. No me mires así, sabes que eres preciosa.

viernes, 3 de junio de 2011

Estoicismo frustrado.

-¿Por qué lloras?

-Porque esto es lo único que tengo y me lo están quitando.



-¿Lloras porque te lo están quitando o porque es lo único que tienes?

viernes, 13 de mayo de 2011

Si tan solo soñar fuera fácil.

Se escondían las palabras, se acababan las ideas, se hartaba del asqueroso pretérito imperfecto que usaba siempre en un desesperado intento de alejar todo lo circundante. Eran las mismas palabras, a veces en diferente orden, pero al fin y al cabo siempre diciendo lo mismo.
Ilusión. Un derroche infinito y estúpido de ella. Un carrusel de imágenes desenfocadas y unos ojos extasiados buscando nada entre la multitud. Y es que el vodka no acrecienta mis ideas y el sudor que desprende mi lengua al soltar todas las blasfemias me produce un escalofrío de falacias y sonrisas falsas que seduce mi espinazo.

Una última cosa, ¿qué te has traido? ¿La botella de las lágrimas o la de las sonrisas?



Y no, no quiero que las mezclemos si no me besas primero.
Serás idiota, nena.

viernes, 6 de mayo de 2011

Dorian.

Se veía sumida en uno de esos días en los que las paredes se quedaban pequeñas, la lluvia no coaccionaba sus ganas de verse fuera y aunque su burda creación literaria fuera escasa y nula no dejaba por ello de mal crearla.
Y era uno de esos días en los que lo malo eclipsaba a lo bueno, en el que las sonrisas se volvían falsas y la belleza se volvía una arpía. Y era uno de aquellos días en los que su mediocridad adyacente se convertía en secante de la inmundicia que rodeaba su hipocresía y su narcisismo de burdel barato.
Y no tenía ya remedio. Pensaba a veces que se había convertido en un Dorian Gray antagónico, versión femenina, con zapatos rojos de charol y bolso a juego. Lágrimas mal enjugadas y una sombra mal trazada en el ojo, enmarcando aún más la mugre que recubría ahora sus ojos que antaño brillaron con la inocencia incorrupta de la vanidad ingenua.

¡Y bien sabía que no había remedio ya!, que la cura imaginaria se había vuelto una quimera efímera subproducto alterno de su imaginación truncada y que estaba condenada a ser una falsa cuerda en un inepto mundo de locos.




Lo que le faltaba encontrar para convertirse en un perfecto plagio mal emulado del señor Gray era el reflejo de su alma descolorida y ajada por la maldad bien cubierta y la falsedad borracha de tanto alcohol metílico inyectado. Y creo recordar que los retazos sucios de su alma quedaron cosidos en aquellos textos mal escritos que la única luz que veían era la de esa vela que se proyectaba tan mortecina como su rostro desencajado al liberarse de su máscara.

Y tras soltar de golpe todo el opio mal fumado y una vez que la pluma había derramado soberbiamente la última gota de tinta sobre el papel sin firma, volvía a sonreír. Incluso pareció verse un hoyuelo detrás de la mueca.

martes, 3 de mayo de 2011

Etiquetas.

Aquellos extraños seres, que a veces bien podían parecer simpáticos y otras veces repelentes, necesitaban a toda costa etiquetar todos y cada uno de los productos que pasaban por sus manos.
Y es que, aunque no comprendieran el significado del sustantivo, o del adjetivo que atribuían a cada cosa, necesitaban tener una palabra para designarlos, y conseguir así, con semejante catalogación, excluirlos o añadirlos a la lista de sus productos de uso cotidiano.

Ella no lo comprendía. Nunca le gustó poner etiquetas a sus tarritos de mermeladas, así se llevaba una sorpresa cuando los probaba. Y siempre que alguno de estos seres maniáticos etiquetaba en la tapa el producto en un despiste de esta, después se entretenía intercambiándolas. Sin que nadie la viera, por supuesto, ya que además de ser horribles a veces, solían gustar de controlarlo todo.


Nunca pudieron comprender por qué ella cada día llevaba el pelo de un color distinto ni tampoco descubrieron jamás la diferencia entre la mermelada de frambuesa y la de cereza. Aún lo siguen intentando. Está fuera de sus límites.

sábado, 2 de abril de 2011

Efecto retardado.

Era de efecto retardado, la pobre. Primero le contaban un chiste, a los cinco minutos se reía. En clase de gimnasia la pelota impactaba sobre ella, después hacía amago de darla y alguien gritaba: ''¡Tienes que dar tú a la pelota, no ella a ti!''. Primero se disparaba el flash, luego sonreía para la foto. Se le caía un lápiz, lo intentaba coger cuando ya se había posado en el suelo, al igual que cuando se caía ella: ya había aterrizado cuando se agarraba al aire.


Era de efecto retardado, la pobre. Por eso, le echó de menos cuando volvió -y no antes-, y se enamoró cuando ya se había ido.

miércoles, 30 de marzo de 2011

So hold me, until it sleeps...

Estoy tirada en el sofá, mirando la tele sin ver nada. De vez en cuando capto alguna frase de la comedia idiota que ponen. Bastante superflua, que no exige un gran esfuerzo mental por mi parte.
Entonces oigo girar la llave dentro de la cerradura. Sufro un micro infarto, al fin apareces. Después de la pequeña explosión cardiaca intento serenarme inútilmente. Atraviesas la puerta del recibidor, te acercas y me das un beso en la mejilla. Me parece que has balbuceado un saludo, no estoy muy segura.
Busco mi mejor sonrisa -que ya nada tiene que ver con las de antes- y te la lanzo tan deseperadamente como quien intenta atrapar un león con una tela de araña.

-
¿Qué tal en el bar?- te pregunto. Ahora es cuando un resorte escéptico salta en mi cabeza y me grita algo malo sobre ti. El resorte está atascado. ¿Por qué ibas a mentirme? Sé que no has estado en bar, pero sé que te creo cuando me dices que sí que has estado allí.

-Como siempre, nada especial.- Te miro sin decir nada y te sientes obligado a escupir algo más.-Estoy muy cansado, ya sabes lo pesado que se pone Miguel, me voy a la cama.
Mañana Marta me va a decir que salió con Miguel a cenar, pero yo aún no lo sé. Me acaricias el pelo y me besas otra vez en la mejilla. En mi mente resuena lejana la primera vez que me dijiste te quiero.


Apago la tele, bajo los pies descalzos del sofá y apago las luces mientras voy a nuestra habitación. Me meto en la cama con una extraña mezcolanza de nostalgia y resignación, e ignoro el hecho de que en los bares ya no se puede fumar, que yo nunca llevo colonia y hago como que no he visto el carmín corrido en tu barbilla.

Y me viene a la cabeza una canción de Metallica y pienso... hold me, until it sleeps mientras me abrazo un poco a ti, porque después de todo, creo que me quieres.

domingo, 27 de marzo de 2011

Ceniza.

Ceniza. Eso lo que queda cuando después de haberse dejado el alma en algo no te compensa.
Cuando por mucho que tú te esfuerces, el mundo no te ayuda. El estoicismo no siempre funciona, deberías saberlo. Hasta en sueños te persigue, y eso te pasa por ser cuadriculada. Por pensar que todo efecto es equitativo en magnitud a su causa. ¿Y lo que te queda? Ceniza en la boca, ceniza en los sueños y mariposas de ceniza en el estómago.



Y por si lo estabas pensando, la combinación lágrimas y ceniza da más asco todavía.