sábado, 27 de octubre de 2012

(In)alcanzable (es)trella

Hay personas que pasan su vida recordando cómo se conocieron. A mí me parece más bonito pensar que fue hace tanto tiempo que lo he olvidado. Que era tan pequeña que no podría recordarlo. Y, vaya por dios, lo sigo siendo.

Hay personas que tienen días tristes. Para mí ya lo son todos desde que descubrí tu secreto. No es un secreto malo, pero es un secreto demasiado grande. Lo gritan tus ojos cada vez que te miro, y por eso siempre estoy triste. No sé si tú lo sabes, o si te lo han dicho alguna vez, lo que pasa es que en realidad eres una estrella. Por eso siempre estás mirando al cielo, porque las echas mucho de menos.  No sé por qué estás aquí, ni si tienes alguna misión celestial. Pero está claro, que como toda estrella, eres inalcanzable.

Hoy estoy triste, ahora que siempre estoy triste, y no es extraño. Hubo veces en las que llegué a pensar que abrazándote, te abrazaba realmente. ¿pero qué espacio puedo ocupar yo en el corazón gigante de una estrella? Y por mucho que digas que es un espacio importante, siempre será uno muy pequeño.

Hay personas que no saben lo que es dormir con una estrella. Yo sí lo sé, y no es fácil, porque nunca deja de brillar. Solía decir que sabía más cosas. Pero se me han olvidado todas desde que estoy triste. Y ahora que sé que eres una estrella ya no sé cómo quererte. Es muy difícil, ¿sabes?, porque no me explico qué podría querer de mí una estrella que no se conformaba con el cielo entero.



Estoy triste, y no debería extrañarte, porque hubo veces en las que pensé que te quedarías para siempre conmigo.
Pero dime tú quién puede retener a una estrella. Y dime tú cómo seguir a una estrella que sueña con el cielo.

sábado, 13 de octubre de 2012

Penélope.

'Love will find you', canturrean en mi cabeza, y les contesto que ojalá sea yo más rápida. No soy más que una gata asustada que da vueltas a un café frío. Alguien que blande ideales de día y tiene miedo por las noches. Alguien que en su particularidad bohemia prefiere el té rojo a la absenta.

Soy una gata asustada que, como Liz, solamente está aguantando en este tejado que quema. Con unas ganas de saltar enormes. La cola erizada, los nervios de punta. Tengo miedo y las pupilas dilatadas.

Tal vez tú no seas Ulises, empezando por un cambio de género; lo que está claro es que yo no soy Penélope. Que si te vas no podré esperarte, que nuestra ambigüedad será succionada por los desvelos y algún que otro movimiento sísmico. Yo no seré Penélope. Yo no alejaré a quien intente acercárseme, ya sea con falsas promesas o con risas sinceras. Yo nunca seré Penélope: yo no intentaré retenerte, porque eso no está en mi mano.  Yo no podré esperar veinte años a alguien que no volverá nunca. Y digo nunca porque en el momento en el que tal vez decidas volver ya no serás la persona a la que estaba esperando.


Y , por último, no seré Penélope porque yo tampoco seré la misma persona nunca más desde el momento en el que cruces esa puerta.

lunes, 1 de octubre de 2012

Sáfico.

Quiero que seamos ambiguas.
Que seas arte, que seas prosa poética.
Quiero que seamos nudos,
sin ganas de atarse.
No seas cielo, sé tormenta.
No me abraces, amordázame.
Desátate, desátame.
Seamos Safo y sus delirios.
Seamos sueño. Sé filosofía.
No seas un sí, sé un depende.
Acércate mucho, mucho
y lárgate sin rozarme.
Escapa, ríe. Déjame con las ganas.
Y vuelve,
vuelve sin volver del todo.
Sé la noche. Sé la furia.
Sé ese pensamiento que a la luz del día no parece real.
Sé viento, sé alma.
Sé esa sonrisa que turba hasta el último nervio,
de la última fibra,
de todo el ser de Parménides.
Lo que no es, no es. Y por lo tanto, no existe.



Entonces, ¿qué, quieres ser mi ambigua?


miércoles, 26 de septiembre de 2012

All the leaves are brown...

Las estaciones se suceden. Siempre me tranquilizaron con que volvería el otoño, con que después del largo invierno nacería la primavera... pero nadie me explicó que nosotros no somos así, que nosotros no nos sucedemos; que nosotros somos sucedidos por otros nosotros que nada tienen que ver. Nadie dijo que las risas que brotaban mientras caían las hojas ya no serían las mismas al año siguiente. Nadie me avisó de que ya no seríamos los mismos en ningún aspecto, de que todos se irían y yo tendría que quedarme. Nadie me dijo que cambiaríamos, que el café ya no sabría igual y que las tardes ya no tendrían la misma luz. Que los corazones no tienen tarjeta de memoria. ¿Por qué nadie se atrevió a escupirme que estaría sola? Que me quedaría sentada viendo cómo los demás se alejan. Por qué nadie me explicó que la niñez servía para algo más a parte de intentar echarla hasta que ves que se va de verdad. Nadie dijo que algún día esos besos que sabían a té y a pasteles tendrían que tornarse fuego vivo. Que se tornarían pasiones incontrolables que acabarían consumiendo mi alma y mi cerebro. No hablamos nunca de la transición de crisálida a mariposa, sólo hablamos de la clase de mariposa que debemos de ser. Tal vez sea yo una hipócrita como otra cualquiera, hoy en día quién no lo es, después de todo. Tan empeñada siempre en la empatía y empecinada en el perspectivismo anafórico. Alma, nunca quise hacerte daño. Si fingí que podía con el mundo, me retracto. Vuelvo a casa, vuelvo al calor de las sábanas, al tacto de mi peluche. A la leche condensada. Vuelvo al seno de algo que nunca tuve.

Estoy abriendo de golpe la puerta que casi cierro tras de mí y metiéndome dentro, en el refugio imaginario de los sueños que nos da miedo cumplir. Estoy en mi crisálida a medio abrir, sabiendo que no hay vuelta de hoja que pueda cubrir este gusano -no sé si de seda o de alcanfor-.


Estoy en mi banco, en una tarde de otoño y estoy sola. Estoy cansada, triste, agobiada y con lágrimas en los ojos. El café está frío y nadie me espera en casa... Pero no voy a correr. No tengo prisa. No voy a coger ese tren a ninguna parte, esta vez voy a quedarme en tierra. Voy a ser Peter Pan, por mucho que le odie. No me voy a mover de aquí hasta que la ropa me quede pequeña y mis ideas no quepan en esta cabeza de huesos de azúcar.

Estoy en mi silla. Soy una metáfora, soy una ilusa, soy una ilusión.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Jekyll & Hyde.

Es curioso esto de ser otra persona. U otro ente, si el término persona queda desvirtuado por el contexto.
No tienes más que partir tu alma. Es una partición sencilla. Separas por un lado la personalidad con la que te sientes a gusto. Esa de carácter loable, de grandes acciones y grandes discursos. Esa que bien pudiera ser admirada o idolatrada, tal vez incluso envidiada. Y esa será en la que te refugies de la segunda. La segunda será aquella que albergue todos esos deseos salvajes que aterrorizarían al mundo si los conociera. Y estás segura de ello porque has tenido que partir tu alma en dos por no soportar el peso de una carga demasiado pesada. Es fácil sobrellevarlas de este modo. Solo tienes que cargar con todas tus malas acciones a la personalidad segunda. Podrás satisfacer todos esas pasiones que te asustan a la luz del día. Salir de copas con los fantasmas que envuelven tu alma virginal por dentro amoratada. Beber de los cálices que están prohibidos a esas jóvenes, que como tú, tienen que guardar un pudor que resulta casi aburrido.
Deja el amor y la gloria para la personalidad de día, para aquella en la que confluyen los buenos espíritus. Esa que siempre tiene una sonrisa y que blande ideales libertarios con la hipocresía del horror que encierra en su vientre. Pero ante todo, ten cuidado. Transfunde tu negra sangre fría a la ingenuidad de tu cara limpia. Porque cuando a la luz del día afloren los demonios de actos envenenados de horror y muerte -del propio alma, más que de otra cosa-, solo ésta te salvará de no caer en el abismo real. Porque tú ya sabes de sobra que caerás eternamente en uno ficticio.



Y no te olvides de no asustarte cuando mires tu reflejo. Recuerda que sólo tú ves la mugre tras la máscara. Quién sabe, tal vez tengas suerte y confundas los demonios con sueños. Tal vez seas afortunada y consigas olvidar la línea entre el monstruo y la mujer en la que un día hubieras podido convertirte.

jueves, 23 de agosto de 2012

Roto

A veces te encuentras gente que se rompió alguna vez. Que tropezó y se hizo añicos. Gente que nunca supo arreglárselas sola. Gente que se dejó romper. Y existen personas que nacen para curar a esa gente rota.

Yo fui una de esas. De esas que dieron su vida por arreglar algo imposible. Fallé y ahora veo cómo acaba mi vida sin haberlo logrado...

Al principio hubo un él. Un él que me arregló, o más bien, que unió todas las piezas desperdigadas que había en mí, pero que se soltaron en cuanto salió corriendo. Aprendí a recogerlas, a guardarme a mí misma. A arreglarme. A arreglármelas. Me creía invencible. Con toda esa inteligencia emocional siendo destilada por mis poros. Con las ideas bien claras y el moño bien puesto.

Después llegó ella. La arreglé entera. La cogí rota, descosida, desinflada y la llené con todo lo que tenía. Sin darme cuenta de que esa energía que proyecté en ella nunca fue restablecida. Que dejé de quererme a mí para quererla a ella. Que le dí todo lo que creía que no necesitaba y ella se lo quedó para siempre, junto con el corazón que no sé si tuve. Y así fue como me perdí a mí misma. Olvidándome de cómo se arreglaba uno mismo.

Cómo podría haber arreglado al otro él. A ese al que salvaba en sueños. A ese que estaba tan roto que hubiera acabado conmigo aunque hubiera estado en mi mejor momento. Habría dado todo lo que quedaba de mí por verle sonreír. Por notar ese olor de nuevo. Por volver a tenerlo cerca. Hubiera vaciado todo lo que me quedaba por llenarle. Por enseñarle cómo se es feliz estando solo. Por hacerle llorar con los atardeceres y las películas tristes. Por transmitirle mi empatía y mi gusto por las cosas banales, por el mundo, por la vida, por sus ojos.




Supongo que ahora es tarde. Que ya me he perdido para siempre... que ya estoy rota.

domingo, 19 de agosto de 2012

Total eclipse of the heart.

Te vas acostumbrando al vacío emocional. Al rechazo, a la indiferencia.
Al principio te conformas. Te parece que esos pocos momentos de cariño bastan. Piensas que es normal rogar abrazos, remilgar besos. Crees que podrás sobrevivir al intervalo infinito entre unos y otros. Pero éste cada vez se hace más grande, y tú más pequeña. Poco a poco vuelve el frío, y te conformas con un apretón de manos, con una sonrisa. Con un guiño de ojos cada treinta y seis horas, que se hacen eternas. Eternas porque en esas horas les ha dado tiempo a tus demonios a recorrerte toda la espina dorsal. De cabo a rabo. Infectando tus pensamientos y embriagando tu alma de acero y soledad. Y no importa lo que hagas, da igual que te tires al suelo y empieces a patalear, porque nadie comprenderá qué es lo que pasa. Nadie sabrá nunca que lo único que quieres no es nada más que sentimiento. Sentimiento sentido. Que se sienta y se haga sentir.

Pero te sigues apagando, te sigues oscureciendo. Porque la brecha se hace más grande y sabes que tú no tienes la culpa, permitiéndote el enorme favor de no culparte a ti misma por esta vez. Porque tú no puedes elegir lo que sientes, solo taparlo o maquillarlo. Y con esta oscuridad ambas opciones son inútiles. Te acabas olvidando de todo lo bonito que te unía a Sole. Esa sensación de plenitud contigo misma y la razón es sencilla. Es que el contacto humano no te satisface. Porque el intervalo no es regular y no te sale eso de vivir del aire.




Al final te consumes. Te consumes como ese cigarro que nunca supimos fumarnos.



Once upon a time I was falling in love...
Now I´m only falling apart...