lunes, 13 de agosto de 2012

Universo paralelo.

Te eché de menos. Nunca supe si fue a ti o al fantasma que creé con tus recuerdos. Un espectro que todavía se cuela a veces en mis sueños. En noches frías de verano que recuerdan el frío en los besos de invierno. Qué decir de esos sueños, de esas alegorías en blanco y negro, de esas frases que resuenan en mi subconsciente y que tal vez debería haberte dicho. De las visiones sin lógica ni sentido. Me gusta pensar que son imágenes de algún universo paralelo. Alguno en el que tú me cuidas y yo aún te quiero. Uno en el que las distopías son nuestras utopías dadas la vuelta y mi realidad no es más que la pesadilla de otra Berta. Una que tiene todo muy claro y a la que sus lunares no la inquietan.





Te deseo mucha suerte, yo de otro universo. Espero que te cuide tanto como no hizo conmigo.

martes, 7 de agosto de 2012

To infinity...

Observa el anillo erguido en su dedo anular, mientras lo toma con cuidado y lo sostiene entre escalofríos de vértigo. Le inunda esa sensación. Esa. La de saber súbitamente que estás en el sitio adecuado. Que todos esos sitios en los que alguna vez no has encajado están de más. Y tiene miedo, pero se le pasará rápido. Miedo a que para ella no sea tan especial. Que su huella no sea tan profunda como la que hay grabada en el anillo y que ya lleva grabada dentro. Se contorsionan sus pensamientos como volutas de humo y le invade esa sensación de felicidad al pensar en todas las combinaciones que podrían haber sucedido en este universo. Qué hubiera pasado si no hubiese hecho tal cosa en no sé qué momento. Si sería igual de feliz o sería imposible igualarlo. Y sonríe con lágrimas a punto de saltar de sus ojos, mientras da gracias por estar aquí y no en cualquier otro sitio.

¿Que por qué un infinito? Porque ahora, aquí, sin importar lo que pase, es eterno. Y, ¿sabes por qué no es triste ese 'lo que pase'?




Porque podemos hacerlo infinito si tú quieres. Podemos hacer que sea eterno. Ya sabes que a veces se puede concentrar la eternidad en un suspiro.


...and beyond.

jueves, 2 de agosto de 2012

Réplica.

Hace tiempo que se perdió a sí misma. Que se dejó abandonada en algún lugar de esos que nunca pisó. Que murió en un beso de esos que nadie le dio. Que resucitó con los escalofríos en las vértebras que nadie le hizo sentir.

Hace tiempo que no sabe quién es. Que vaga por ciudades que no son la suya. O que por lo menos no lo aparentan. Que se pierde un poco más en noches de fuego que terminan en infastuosos sucesos que acaban a su vez en tortura de la conciencia y el alma. Hace tiempo que no sabe qué busca. Tal vez por eso no encuentra nada. Hace tiempo que la abandonaron las mariposas suicidas, que no rugen como si tuvieran hambre de amor puro. A lo mejor se consumieron con el alcohol que no bebió. Hace tiempo que se araña intentando darse calor en su frío imaginario. Que hasta los dulces saben rancios.

No sé por dónde empezar a buscarla. No sé dónde encontrar aquella risa que encendía su alma. No sé dónde encontrar ese hormigueo que hay que sentir al acercarse tanto a una persona amada. No sé qué hacer con ella si la encuentro. No sé si será la misma, aquella a la que ya no recuerdo, o se habrá convertido en un monstruo de los de sus historias absurdas.

No encontrará en ninguna parte más odio que en sí misma. Porque hace ya mucho tiempo que no se encuentra. Que perdió el arte o las ganas de escribir. Que perdió la esperanza de alcanzar a los que anhelaba...




Te echo de menos. Te echo de menos como si hubiésemos sido una. Como si no nos hubiésemos perdido para siempre. Esta vez que no venga nadie a salvarnos, por favor. Vuelve tú conmigo y dime que aún vale la pena ser yo.


I´m not myself, I´m a replica of me.

viernes, 20 de julio de 2012

Abstracción.

Abstraer.
(Del lat. abstrahĕre).


1. tr. Separar por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.

2. intr. Prescindir, hacer caso omiso. prnl.

3. prnl. Enajenarse de los objetos sensibles, no atender a ellos por entregarse a la consideración de lo que se tiene en el pensamiento.



Ahí está ella. Abstrayéndose. Haciendo caso omiso a todo lo que ocurre a su alrededor. Está en un estado de enajenación total y absoluto mientras él habla. Hace rato que ha perdido el hilo de la explicación. No importa, si tiene que examinarse en septiembre lo volverá a ver, por lo menos. Y ahí están otra vez, los ojos que todo lo saben, los ojos de sabio, los ojos que van a juego con los suyos.

Ahí está él. Dándose cuenta de que ella está otra vez distraída, pero se ha prometido no prstarla atención. Que veinte años no es nada, cantan en su cabeza, y se siente aún más viejo. Se le enlaza la letra de la canción con el racionalismo y Descartes y suelta alguna estupidez. Sólo las risas del gentío que estaba algo atento o que se carcajean por inercia consiguen que ella levante la mirada de su boceto a mano alzada sobre el verde radiactivo e insalubre de contrachapado. Ahí están otra vez, los ojos que irradian inteligencia, los ojos que llevan dieciséis años viendo, los ojos enormes que ocupan todo el espacio.


Y ahí están ellos. Escondiéndose de un porqué que alguien inventó. Teniendo las dudas que otros escribieron para ellos y repitiendo las palabras que alguna vez oyeron. ¿y dónde está el mal y el bien? ¿Y dónde se guardan las alianzas marchitas y la inocencia que ya solo se traga papá más que en tarros de violetas de caramelos? ¿Y quién dice qué es lo correcto? ¿Y quién tiene la culpa de que el tiempo estornudara dejando un vacío de algunos años desubicados?

¿Y quién le manda a ella? El gusto masoquista por amores imposibles era una cosa, pero ¿esta estupidez? ¿Y quién le manda a él? Si los pliegues de su frente sólo se pueden comparar con los de su falda.




¿Y la risa? Ay, la risa... de niña, o de mujer. De ella.



miércoles, 11 de julio de 2012

Feliz cumpleaños.

Siempre hay alguna estrella que sobresale en los pueblos sombríos. De esas que ríen carcajadas que contagian gérmenes de felicidad, de esas que parecen hadas salidas de algún cuento. De esas a las que los maestros mandan callar por hacer demasiado ruido. De esas que lo revuelven todo y luego no recogen nada. Siempre hay alguien que llama la atención mientras todos los demás piden silencio.

Con el platino de su pelo brillaba aunque no quisiera entre todos los demás niños del pueblo. De todas formas, ese pueblo siempre tuvo algo mágico, y no era nada extraño que una estrella hubiera nacido allí. Contaban que alguna abuela lejana suya había sido una de ellas, pero eso solo fueron historias para niños, que acabarían desvaneciéndose con los años, al igual que todas aquellas historias en las que una se enamora del chico malo y luego llega uno bueno para salvar su corazón y su alma...

Ella sólo quiso ser feliz. Pero ya se sabe, con el soplido de las velas se evaporan los sueños. Luego llegan las frases inconexas, las cáscaras de amores vacíos, las lágrimas de cocodrilo. A veces no se es suficiente. Las estrellas necesitan ser felices para brillar, pero a muchas personas les ciega la luz o la simple idea de tener las cosas claras. Las estrellas son ingenuas por naturaleza, no ven maldad en gente a la que quieren, solo ganas de ayudar y ayudarse a sí mismas con ello. Pero con los suspiros del alma también se evaporan los sueños. No puedes salvarte siempre. Con el humo de las velas también se esfuman las ganas.



En su último cumpleaños, soplando las velas terminaron de evaporarse sus sueños. Gracias a Dios, fue porque los había cumplido todos. A veces hay que salvarse a uno mismo, por mucho que duela. A veces los demás deberían dejarse salvar un poco. Para eso están las estrellas, para brillar con la felicidad que producen en otras personas.

Y para reír estrepitosamente como si estuvieran chifladas.

miércoles, 27 de junio de 2012

I got chills...

Será que una vez más no sé cómo decirte esto y te lo escribo. Será que me da miedo y aspiro a que lo leas; pero ahí voy yo, dando tumbos a la vez que zancadas en esta noche soporífera. Será que aún estoy respirando nervios y todavía tengo pegado este estúpido acento, será que mañana al despertar ya no me atreveré a escribirlo.

Ahí estoy yo, con todo ese sudor estrechando mi cuerpo, con tu olor para el que no encuentro adjetivos gritando en mi nariz. Y ahí, detrás de esta barrera imponente estás tú. Tal vez esa barrera de dos pasos y media pulgada no exista. A lo mejor tú también quieres alargar el brazo y acariciarme. Ojalá.

No sé qué voy a hacer cuando todo esto acabe, cuando ese olor que sueña mi cerebro entre las bocanadas de aire se disipe. No tengo nada más pensado para el resto de mi vida. No sé si serás algo más que un sueño de verano que lleva siendo soñado desde el invierno, si esto servirá para algo más que para dejarme dormir tranquila.




Sólo quería que supieras que muero cada vez que se queda ese olor tuyo impregnado entre las fibras de mi ropa.

domingo, 17 de junio de 2012

Delirios ambiguos.

Vuelven a compungirse mis lágrimas, ésta vez por la ambigüedad multipatente. Por las situaciones encontradas, por no saber qué hacer cuando el eros deja de ser esa falta idealizada. No sé qué significa esto ni sé cuánto va a durar, pero sé que hay algo detrás que va mucho más lejos y que no sé si se puede romper con un suspiro.
Y aquí vuelvo a estar yo, escondiéndome entre cuatro metáforas, de esas que se pegaban una vez por escribirte. Porque ya no hay frío en el que abrazarse, ya no nieva. Ahora sólo está la asfixia que ahoga mis pensamientos y yo no sé qué hacer con este rebujo. Yo no sé clasificar miradas. No sé almacenar sentimientos de otras personas, no sé gran cosa. A lo mejor resulta que no era tan sencillo vivir sin nombres. Que la ambigüedad de los términos podía confundir. Que el corazón necesita paredes para no irse por las ramas y que yo ya no sé quién soy. Que no sé qué significa nada. Nunca me hizo falta pensar en el futuro si bastaba respirar el presente.

Pero tal vez no era tan fácil ese tú y yo contra el mundo. Tal vez no soy tan fuerte como te hice creer. Tal vez solo soy alguien a quien solías conocer. A lo peor no existe ese lugar que debía existir en el que esconderse. Tal vez sólo sean éstos delirios de humo, como suelen ser siempre.

Es algo que no sé y no puedo llegar a saberlo...



Pero por favor, no agarres mi mano más fuerte si tienes pensado soltarla.